Performance, política y apropiaciones
Sobre las derivas para un encuentro
Este año NoPe en su cuarta edición se desarrolló en pleno conflicto y reclamo por la recomposición presupuestaria para las Universidades Nacionales. Dentro de esta realidad, los docentes nos encontramos con la pérdida del 40% de nuestros ingresos mensuales desde el ascenso libertario a la Presidencia de la Nación.
La llamada “motosierra”, símbolo de todas las acciones que vienen deteriorando el funcionamiento y la vida cotidiana de sus trabajadores y también el de las Universidades Nacionales que se encuentran con una crisis fenomenal.
Durante la semana previa al viernes en el que se desarrollaría el NoPe, en la Universidad se llevó a cabo el paro y cese total de actividades de los trabajadores nodocentes. El día previsto para NoPe coincidió con el paro impulsado por el gremio docente en busca de visibilizar el conflicto con el gobierno nacional.
Atendiendo a esta situación, desde NoPe decidimos continuar con la actividad, volviéndola una herramienta activista que hiciera confluir y dialogar dos tradiciones: la del arte activista y la de la Universidad Nacional de General Sarmiento vinculada a su propio territorio.
Para ello contamos con la complicidad del Centro Cultural Raíces y particularmente con el entusiasmo de Lalo Lugo, que puso a disposición el espacio con la intención de continuar tejiendo juntos estas redes de solidaridad y militancia que nos permitieran pensar y hacer en comunidad.
Al igual que en aquellos inicios fundacionales de nuestra Universidad, entendimos que la producción universitaria y la acción político-institucional estaban y están relacionadas con la posibilidad de construir con otros, de pensar mundos en común, de mirar juntos.
Recuperando esa historia nos dijimos que debíamos avanzar en la memoria de esos trayectos: desde su fundación hace más de treinta años, la Universidad había pasado por diferentes espacios. Desde la quinta Los Plátanos en Vogelius, a la oficina en Paunero y Tribulato, pasando por un ex convento, para luego llegar al Campus, siempre con el apoyo y el empuje comunitario. En ese mismo camino comprendimos que debíamos emprender el viaje a uno de los Centros Culturales míticos y fundantes de parte de la cultura del viejo partido de General Sarmiento.
Este traslado lo entendimos como un gesto y a la vez una acción política, poética y académica ligada a la propia historia de quienes decidieron avanzar con la fundación de la UNGS como un espacio que se construye a partir de una puerta vaivén donde se produce en un espacio de afectividad, diálogo y comunicación colectiva, entendiendo a la educación como un derecho colectivo y social.
Por ello, junto con los estudiantes, docentes y nodocentes de la UNGS decidimos encontrarnos para transformar nuestras miradas y percepciones del mundo a partir de la acción de detener el tiempo y poder pensar en común, desarrollando un cuerpo colectivo, vital y mutante junto a los vecinos de la región, los estudiantes y los docentes de la Escuela de Artes Visuales de la localidad de San Miguel, nuestros invitados especiales.
Este impulso UNGS que plantea: “pensar en todas partes, todos juntos”, construyendo tiempos, perspectivas y miradas comunes, nos inspiró para realizar el cuarto NoPe coexistiendo y co-relacionándonos con las actividades del CC Raíces en día en el que se llevaban adelante la Feria de Productores, las clases de percusión. Un espacio vital que continúa albergando y anidando las actividades artísticas y culturales de gran parte del Noroeste del conurbano bonaerense.
Lo que sigue a continuación es una reseña, un recuerdo construido, una idea de mundo sobre lo ocurrido durante el día viernes 12 de septiembre, entre la Universidad Nacional de General Sarmiento, las orillas del río Reconquista y los bordes de Campo de Mayo.
La performance de derecha
En esta edición de NoPe, a diferencia de otras en las que se presentaron performances artísticas en el campus de la UNGS que buscaban interrumpir el cotidiano a través de ocupaciones poéticas en distintos espacios de la universidad, volvimos sobre los propios pasos. Quisimos tomar distancia para conversar, para recuperar conceptualizaciones y experiencias que orbitan en torno a la performance como práctica artística y política en una coyuntura en la que los imaginarios insurgentes vienen siendo apropiados visiblemente desde la pandemia en nuestro país por una matriz neoliberal en constante expansión.
Nos referimos concretamente al uso performativo que hacen las nuevas derechas de la imaginación política radical, un fenómeno que trasciende fronteras y se replica globalmente. Ejemplo de ello son las performances que vimos en la Plaza de Mayo y las inmediaciones del Congreso de la Nación: el uso performativo de objetos como piedras, motosierras, guillotinas o bolsas de residuos que simulaban cuerpos muertos envueltos, con nombre y apellido
Iniciamos el encuentro con una minería de performance. Excavamos en el tiempo profundo de estas prácticas, tomando la estrategia de la minería de datos informáticos como técnica de análisis y sistematización de grandes paquetes de información para poder organizar la compresión de aquello que a primera vista es complejo de descifrar. Así exploramos la enorme cantidad de elementos, rasgos, implicados en la performance como “la esponja mutante y nómade” que es, si seguimos la simpática definición de Antonio Prieto Stambaugh, un teórico de la performance. Lo singular para el contexto que problematizamos es que eso que absorbió la performance (como una esponja), que se transformó y desplazó por distintos espacios incluyendo el social y la política (de forma mutante y nómade), desbordó su habitual signo político progresista y germinó en el “otro lado” del arco político.
Luego, en la segunda parte del encuentro nos preguntamos con Loreto Garín Guzmán, miembro del colectivo Etcétera y fundadora junto a Federico Zukerfeld de la Internacional Errorista, acerca de las maneras en que la performance puede aún en un contexto reaccionario como el actual activar su fondo de experiencias rebeldes para generar verdaderos antagonismos productivos para la transformación social en sentido democrático.
A pesar del recrudecimiento de violencias hacia las diversas movilizaciones populares que contestan el desfinanciamiento de lo público en salud y educación, la violenta represión que cada jueves reciben los jubilados que reclaman por la actualización de sus haberes, la normalización colectiva de estas agresiones, y la proliferación de negacionismos que atraviesan el tejido social sostenido de manera instrumental a partir del uso de elementos performáticos, el diálogo con Loreto permitió vislumbrar algunos destellos potencialmente críticos de la performance colectiva urbana.
Nos compartió sus experiencias basadas en los errores, las fallas y los aciertos en tiempos de lo que describió como “política de la performance” en relación con el uso instrumental que la política hace de los recursos performativos: diseminación de imaginarios estridentes, ruidosos, rimbombantes, acaso torpes, de estrategias performáticas para la presentación pública de su ideario. En otras palabras, se trata del uso de la performatividad como herramienta política o estrategia para el marketing de campañas y estafas piramidales utilizadas en la contemporaneidad.
El silencio como síntoma
Alrededor de todo el problema de la performance en general y de la performatividad de las acciones simbólicas de la derecha en particular, teníamos un diagnóstico previo que podemos resumir como superficialización e individualismo. Más específicamente, la primera sensación que percibimos en el encuentro fue justamente eso y algo más: la no respuesta frente a los interrogantes que planteábamos, un mutismo incómodo que no daba inicio a la conversación que buscábamos.
En lugar de la palabra propia, surgieron respuestas no verbales: arrellanarse en las sillas, abrazar mochilas en la falda, mirar el piso, desviar la mirada.
A primera vista, las experiencias que relatábamos no provocaban interés ni respuesta en un auditorio silencioso que no se atrevía al gesto disidente de tomar la palabra. Esto es quizás lo más relevante de todo lo que fue NoPe este año: el residuo del propio NoPe como dispositivo performático. Si utilizamos “la lente epistémica de la performance” como nos enseñó Richard Schechner, los datos que la propia performatividad de nuestro encuentro nos permite relevar son la fragmentación social, la crisis de imaginación emancipatoria a la que estamos asistiendo y el repliegue hacia lo individual antes que al debate necesario para la construcción colectiva.
Huellas en un cuaderno
Sin embargo, esta crónica cierra con la voz, la palabra escrita, mejor dicho, de los propios asistentes al encuentro. Con la idea de recuperar las impresiones de quienes escucharon y fueron afectados por la conversación que propusimos, diseñamos un cuaderno bitácora que fue circulando de mano en mano entre los participantes durante las horas que transcurrió el encuentro. La propuesta era responder algunas de las consignas que habíamos diseñado: preguntas directas sobre performance, espacios para reflexiones libres, territorios de cruces donde escribir fragmentos de conversaciones o dibujar mapas imposibles. Pero el cuaderno volvió a nuestras manos con más páginas en blanco que escritas.
Lo que encontramos al revisar sus hojas es elocuente precisamente por lo que no está. La página con preguntas políticas sobre performance quedó completamente vacía. Nadie respondió si las performances estaban haciendo algo sin darse cuenta, qué gestos de resistencia habitan en este momento político, qué estrategias performáticas inquietan o convocan, o qué imaginarios insurgentes están confiscados y transformados.
Las únicas contribuciones extensas esquivaban sistemáticamente el registro político que proponíamos. Entre las pocas intervenciones escritas en el cuaderno, un texto reflexiona sobre cómo “el arte libera y cura, me hace feliz”, otro afirma que “mi vida es una performance... pero en un espacio que no habito”. Aparecen también ideas sobre naturaleza, silencio, el cuerpo que habla. Son apuntes que permanecen en el ámbito de lo personal-emocional, en una zona de confort que elude el conflicto y la incomodidad de pensar políticamente la acción del cuerpo en el espacio público.
Hay una excepción notable: la transcripción de una frase que reflexiona sobre el cuerpo, la atención y la performance como puesta en escena. Es el único texto que intenta dialogar con las ideas que habíamos propuesto
Este silencio o mutismo en el cuaderno no es casual. Confirma lo que veníamos sospechando: existe una profunda distancia entre el vocabulario crítico y político de la performance que estábamos planteando y sus propias maneras de entender la performance.
Más aún, las páginas en blanco tal vez estén hablando de una incomodidad para pensar los modos conflictivos de hacer lo común y la radicalidad del arte. El encuentro se planteaba explícitamente como una reflexión sobre las herramientas activistas. En contraste, las respuestas que sí aparecieron se refugiaron en lo personal, en lo emocional subjetivo, en una idea de la performance como expresión individual antes que como acción colectiva transformadora.
El cuaderno volvió con sus páginas vacías como un espejo incómodo de nuestro propio diagnóstico.
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