Con mis propias manos

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La mudanza

Durante mucho tiempo pensé que los veintitrés eran un sueño. No sé de dónde salió esa idea, pero estaba convencida de que esa edad llegaría con un departamento elegido con calma, muebles comprados de a poco, almuerzos de domingo en la casa de mi mamá y la tranquilidad de saber que irme de casa sería un paso natural.


El último plato de caldo

El olor a caldo casero inunda la cocina a media tarde como una alarma silenciosa. Lo registra ese lomo largo y naranja que conserva el color intacto, sin una sola cana. Es un contraste raro para un cuerpo que ya casi no se sostiene y que arrastra las patas con pesadez.