Espectros de/en la historia reciente
50 años: Conversaciones en Presente
En el marco de los cincuenta años de la última dictadura militar, nos encontramos en un momento donde se vuelve menester comprender cómo se inició, qué significó y cómo nos afecta hoy en día. Por ello, y como parte del especial preparado por DBS (Sombras Terribles), conversamos con tres especialistas de nuestra casa. En esta primera entrega, dialogamos con César Mónaco, profesor de Historia por la UNGS y Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata, quien nos brinda un panorama no solo historiográfico, sino político-social.
Invitamos a leer también las crónicas y reseñas que también forman parte de este Especial Sombras Terribles, al igual que las entrevistas a María Pía López y Sebastián Mattia.
¿Cómo influyó la última dictadura militar en la disciplina histórica?
Para mi disciplina, el golpe militar de 1976 marcó un antes y un después. Como resultado, surge la historia reciente como un campo que se vincula directamente con los años setenta y al que me he dedicado desde hace bastante tiempo. La misma historia reciente no podría existir como tal, aun si resulta contrafáctico, sin tal suceso nodal de nuestros anales. Las reconfiguraciones que podemos ver de la materia no solo se vieron relacionadas con las políticas académicas que se llevaron a cabo durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional junto con sus depuraciones, encarcelamientos, persecuciones y represiones en el ámbito universitario argentino, sino porque la vuelta a la democracia en 1983 trajo consigo otra etapa en la que exiliados regresaron y nuevos docentes llegaron. Fue una reconfiguración que transformó el campo historiográfico argentino y que años más tarde daría nacimiento a esta asignatura.
¿Cuáles fueron los antecedentes de la intervención militar?
La inestabilidad social, económica y la violencia fueron factores importantes. A comienzos de la década del 70, la violencia estaba socialmente aceptada y extendida. Veníamos de un Cordobazo y de diferentes situaciones donde la violencia callejera, manifestación de la rebelión popular, era algo recurrente. Sin embargo, unos años más tarde esto empieza a transmutar: se comienza a presentar un cansancio por parte de la sociedad, especialmente por el accionar de las organizaciones armadas. Otro punto a tener en cuenta, y quizá más importante que el anterior, es la muerte de Perón. Se tradujo en inestabilidad económica, política y social, dejando paso a que se forme rápidamente una red que va a ser aprovechada por sectores que veían con buenos ojos la imposición de una alternativa. La transmutación de este escenario se da en función de una intervención castrense que llevaría a un cambio sociopolítico y económico. Respecto a por qué sucedía eso, la respuesta la encontramos en lo aceptada socialmente que estaba la intervención militar dentro de la política. Las mismas fuerzas que dos años antes se habían ido con la cara escupida de la Plaza de Mayo, volvían reclamadas por la gente para que se empezara a poner orden. Así, comenzaron los rumores de que se avecinaba un golpe de Estado. Sin embargo, hay un eje que es importante aclarar, porque dicho esto, podría deducirse entonces que las organizaciones propiciaron o fueron responsables del golpe de Estado, y es una idea que ha sido muy recurrente y promovida antes, durante y después del golpe. Pero la verdad es que es un concepto insostenible, porque si bien estas tenían un accionar que provocaba repercusiones, con el Operativo Independencia en 1975, su accionar comienza a decrecer importantemente. Un gran punto de inflexión son el Ataque al Regimiento de Infantería Monte 29 en Formosa, el 5 de octubre de 1975, y el Ataque al Batallón de Monte Chingolo en la provincia de Buenos Aires, el 23 de diciembre de 1975, propiciados por Montoneros y el ERP. Pero ninguna de estas organizaciones podría haber llegado a tomar el poder y no eran amenazas reales al sistema democrático que estaba instaurado en ese entonces.
¿Qué actores expresaron su apoyo al golpe?
Actores económicos y sociales que apoyaron al golpe fueron muchísimos. De hecho, ese es uno de los principales temas para quienes estamos dentro de estos estudios de la historia reciente. La mayoría fueron los sectores económicos, dejando, quizá, de lado al pequeño empresariado, junto con los eclesiásticos, que también sustentaron el golpe. Desde el campo historiográfico, los estudios comenzaron a avanzar a partir de 1983 en adelante. No obstante, aunque esto vaya creciendo, no quiere decir que se haya ido perfeccionando. La modificación más grande se va a dar en los años 90, tanto en el ámbito de la historia como en el de las Ciencias Sociales y el campo de las memorias. Cuando se cumplen, en el 96, los veinte años de la dictadura, hay repercusiones en el ámbito académico. También se van a dar las declaraciones de Scilingo sobre los vuelos de la muerte, se lleva adelante el reconocimiento de los delitos cometidos por parte de las fuerzas armadas con Martín Balza, va a surgir H.I.J.O.S., que socialmente es un acontecimiento muy importante. Todos estos casos fomentarían alcanzar la anulación de las leyes de impunidad en agosto de 2003. El desarrollo académico se vincula con el judicial, ya que hay procesos concomitantes en los que se observa, con más atención, lo que había ocurrido con el golpe de Estado, la represión, la transformación económica, la persecución y represión a los sectores obreros y, además, se recupera fuertemente el concepto de la responsabilidad civil. Esto representó un giro , ya que en los años 80 estaba arraigada socialmente la teoría de los dos demonios: los militares por un lado, las organizaciones armadas por el otro y, en el medio, sin tener nada que ver con uno u otro, la sociedad civil. Esto representa un lugar muy incómodo para las tres partes, pero muy especialmente para las organizaciones armadas. A esto, se le suma el período de reconciliación con el menemismo. “Olvidemos el pasado; seamos todos hermanos; miremos hacia delante; lo que pasó no tiene sentido volver a transitarlo”, decían en la primera parte de los 90. En la segunda mitad de los 90, hay un cambio vinculado al movimiento de Memoria, Verdad y Justicia que tenemos hasta el día de hoy, que hace que algunas preguntas sobre la responsabilidad civil cobren más peso. ¿Qué pasó con ese sector? ¿Cuál fue la actitud de la iglesia? ¿Todos apoyaron? ¿Todos resistieron? Hablamos de dos puntas que no existieron en ningún sitio y tampoco acá. Empezamos a trabajar viendo cómo se hacía en otros lugares y ahí aparecen comportamientos claves que mutan en el tiempo, tales como el del apoyo, el del silencio, el de un dejar hacer, sectores obreros que vieron con buenos ojos el derrocamiento del gobierno peronista, pero que cuando se vieron afectados por la economía comenzaron a ser muy críticos del gobierno militar.
¿Qué actores no fueron juzgados?
Aparecieron muchos estudios y juicios, a su vez, que denotaban sucesos judiciales muy importantes. Casos relacionados con empresas como Ford, La Veloz del Norte o El Ingenio Ledesma. Pero creo que hay una dimensión que todavía está ausente y que va a ser difícil de tomar, pero que es necesario que se avance sobre ello: las empresas estatales. No hablo solamente de las que fueron controladas por las Fuerzas Armadas, sino en términos generales, porque es ahí donde los comportamientos y las inclinaciones pro represivas por parte de los sectores que dominaban y conducían esas empresas estuvieron presentes. Todavía no se llegó, quizá algún día.
¿Cuál es, desde el punto de vista histórico, el evento más grave dentro de este suceso?
Sin dudas, el evento más trascendental de la última dictadura fue el terrorismo de Estado. No fue lo único, pero es lo que ha quedado más fuerte dentro de la memoria colectiva. El terrorismo que se implementó en marzo del 76 no tuvo antecedentes, ni los va a tener. Ni de modo regional, ni respecto al grado y nivel de sistematicidad. Si bien en Latinoamérica se instauran dictaduras desde los años 60, como el caso de Brasil, en la década del 70 en los demás, estas no van a llevar adelante un plan sistemático tan sangriento y amplio como el argentino. Con esto no quiero decir que no hayan desarrollado lógicas de terrorismo, el Plan Cóndor es la mejor señal de eso. ¿Podemos encontrar un punto en común entre las dictaduras en la región latinoamericana? Sí, y es la acción antisubversiva. En el contexto de Guerra Fría, está esa ferviente creencia de que esas naciones están amenazadas por un enemigo subversivo que es amplio y se esconde en diferentes lugares de la sociedad, contra el que hay que accionar en términos, no solo nacionales, sino regionales. Hay que coordinar acciones represivas y contrainsurgentes para ponerle un freno a este enemigo común. Pero la dinámica del caso argentino fue excepcional porque fue una cacería de personas por distintos motivos, absolutamente ilegal, sangrienta y criminal. La política argentina actual no puede entenderse sin ese componente, sin ese pasado reciente traumático y signado por el terrorismo de Estado. Esto puede verse en una sesión del Congreso o en discusiones en otros ámbitos. A veces, de modo exacerbado, otras más aminorado, pero siempre estando presente.
¿Por qué se denomina, efectivamente, terrorismo de Estado?
El terrorismo de Estado implica que el aparato estatal, o parte de él, emprendió una acción terrorista contra sectores de su sociedad. Sabemos cómo operó el plan sistemático de desaparición, la matanza administrada dentro de los centros de detención, tortura y exterminio. Ahora bien, hay una pregunta dentro de las Ciencias Sociales e historia reciente: ¿ese terrorismo de Estado surgió con el 24 de marzo de 1976 o tuvo antecedentes en lo que fue la última etapa del gobierno peronista? Es polémico y hay muchas y buenas argumentaciones de ambos lados en el sentido de que acciones de terrorismo de Estado las hubo, sin lugar a dudas. Las hubo clandestinas, no tan clandestinas, vedadas o más ocultas. Justamente cuando mencionamos el Operativo Independencia, podemos situarnos en marzo del 75 con lo que fue la toma y ocupación de Villa Constitución a partir de lo que se anunció como "guerrilla fabril", concepto que Balbín se empeñó en difundir. Esto hizo que se emprendiera una acción represiva sobre una comunidad obrera que estaba disputando, con éxito, a la Unión Obrera Metalúrgica y la conducción de la seccional. Esto implicó que la localidad fuera tomada por múltiples fuerzas represivas, Fuerzas Armadas, Gendarmería, Policía de la Provincia de Santa Fe, Los Pumas (Guardia Rural), patotas de la UOM y sectores que, más tarde, se van a encuadrar mejor como la Triple A. Esa dimensión del terrorismo de Estado, sí está presente. Lo que pasa es que no se está dando en un contexto dictatorial, sino en uno donde, guste o no guste, todavía algunos mecanismos institucionales están funcionando.
¿Qué se puede ver que retorna de la dictadura en la actualidad?
Claramente hay dos aspectos que se observan como una suerte de herencia, o permanencia, de la última dictadura. Una sería la ruptura de lazos solidarios y la intención de que prevalezcan las lógicas individualistas, lo cual me parece muy evidente. Después podemos ver que en los 80 hay un intento de freno a ese tipo de lógicas culturales, construcciones identitarias, aspectos sociales, entre otros. Y en los 90 se vuelven a imponer estas lógicas con fuerza. Si tuvieron o no tuvieron éxito, es parte de otra discusión. Y en la actualidad vuelve, están con fuerza y expresadas desde las políticas, desde el gobierno y sobre todo asumidas por la sociedad a través de la aceptación y la revalidación en distintas instancias democráticas. Otra herencia, y va de la mano, es la dimensión económica. La última dictadura implicó un quiebre, sin duda, con respecto a lo que fue una Argentina que tenía inclinación hacia una cierta inclusión. A mediados de los 70, eso empieza a cambiar y empieza a ser transformado de forma sustantiva. Si bien no impone un modelo alternativo, sí es muy eficiente destruyendo las bases del esquema socioeconómico de ese entonces, donde el centro de la sociedad estaba en la fábrica, en la producción, en el trabajo. Eso empieza a cambiar con fuerza a partir de 1976 con las políticas de José Alfredo Martínez de Hoz, y se asientan durante los 90 bajo el menemismo. Estos dos aspectos están de nuevo en la escena, y son reafirmados y aceptados socialmente. Creo que una gran pregunta es por qué, porque claramente son políticas donde los perdedores son muchos y los ganadores son muy pocos.
¿Cómo se puede explicar el resurgir de la derecha?
Creo que una forma de explicar el resurgir de lo que es la derecha a nivel mundial, regional y nacional, está en el mismo discurso de los protagonistas. Cuando ellos dicen que en los años 60 desestimaron la revolución cultural y se la dejaron a los sectores de izquierda, los sectores de derecha se concentraron en los aspectos materiales, como la economía. Hoy, hay que hacer lo inverso. Creo que es importante considerar las transformaciones que se dieron durante la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en el mundo occidental. Luego de la Segunda Guerra Mundial, hubo varios cambios en el plano de las transformaciones sociales y culturales. Eso sigue siendo trascendental hasta hoy, y la dimensión progresista, integrista e inclusiva dentro de esa dinámica es ineludible o innegable. No necesariamente fue todo para mejor, pero sí la mayoría. La reacción a esto se está dando en el plano político, pero también en el plano cultural. No son procesos nuevos, es un neoconservadurismo que tiene raíces viejas y que también señala problemas que son necesarios de afrontar. En lo que no coincidimos, obviamente, es en las soluciones.
¿Cómo se encara el “Nunca Más” desde la historia reciente?
Dentro del campo de la historia reciente, el Nunca Más fue un documento problemático, sobre todo porque la disciplina es posterior al primer Nunca Más. Su prólogo contrastaba con el campo porque en él se plasmaba cierta consolidación y materialización de esta teoría de los dos demonios. Esto no quiere decir que el Nunca Más sea un documento desvalorizado, porque es un símbolo fundacional, de alguna forma, de la nueva democracia argentina. Pero aun así estaba legitimada esta teoría. En 2006, cuando se cambia el prólogo, el informe se adapta mucho más al nuevo régimen de memoria y también al campo historiográfico. La sociedad deja de ser un ente apartado y pasa a ser un escenario fundamental del conflicto.
¿Cómo se trabajan las memorias en tu área?
Cuando hablamos de memoria, sabemos que esta es un producto social y, además, hablamos de memorias de grupos sociales. Entonces, tenemos un grupo social, por un lado, y otro grupo social por otro y, dentro de esos grupos, variadas memorias. No hay una sola memoria para una nación. Ahora, si a esa memoria le agregamos una dimensión temporal, vamos a identificar cambios, movimientos y orígenes de disputas. En algunos periodos, predominan una clase de memorias, en otros períodos, unas memorias diferentes. Con el menemismo, aparece esta suerte de "reconciliación" junto con los indultos, pero más tarde, hay una fuerte crítica a este comportamiento. Esto genera un nuevo régimen de memoria, que de cierto modo pervive hasta hoy, el cual es fuertemente impulsado por el kirchnerismo. Diría que hasta el 2015 esto se mantuvo, después, por diferentes motivos relacionados con los gobiernos que vinieron, eso empezó a cambiar. Es cierto que si miramos la historia reciente argentina, vemos que no es una historia reciente maravillosa. Nos topamos con blancos, oscuros, grises y todos los colores. Pero esta apuesta actual, es una apuesta muy compleja y disruptiva, con consecuencias que ya conocemos, que nos son familiares tanto interna como externamente. Es una lógica donde pocos se integran y muchos se excluyen. No quedan dudas respecto a que este tipo de políticas dejan ver que lo público es denostado y el propio Estado es retirado con fuerza. Yo no creo en la noción de un Estado que se involucre en todos los ámbitos, pero sí creo en un Estado presente. Creo que se puede y hay experiencias actuales que demuestran que se puede, que el Estado puede educar, puede cuidar, puede sanar. Y estamos viviendo un momento en donde todo eso es no solo puesto en cuestión, sino fuertemente criticado y avasallado.
La serie de entrevistas 50 años: Conversaciones en presente las realizó y transcribió Lucía Giarrizzo, a partir de una idea en conjunto con Sebastián Russo Bautista. Acompañó el proceso el equipo de Comunicación de DBS.
Autores
