La retórica del odio
50 años: Conversaciones en Presente
En la última entrevista de esta serie respectiva al cincuentenario del último golpe de Estado en Argentina, en la cual se dialogó con tres especialistas de la casa, se aborda el suceso desde los medios de comunicación y cómo estos representaron su apoyo o denuncia al régimen antidemocrático. Para ello, departimos con Sebastián Mattia, egresado y docente de la Licenciatura en Comunicación por la UNGS, además de cursante de la Maestría en Interculturalidad y Comunicación. También es becario del CONICET y profesor en la UCES.
¿Cómo se puede abordar la última dictadura desde las ciencias de la comunicación y los medios?
Desde el área de las ciencias de la comunicación, todo lo que es el abordaje o el estudio relacionado al golpe, se ve de modos variados. Podemos hacer un análisis de la disputa en el campo semántico respecto a cómo se decide nombrar a ciertas cosas. En los estudios discursivos, aparece una perspectiva sociosemiótica cuando hablamos de las tapas de revistas o de los diarios, relacionada, específicamente, a la cuestión del lenguaje. Surge cierta tensión a la hora de decidir cómo denominar algo, porque no es lo mismo plantear desde las ciencias de la comunicación un "Proceso de Reorganización Nacional", a decir "última dictadura cívica" o "última dictadura cívica eclesiástica empresarial militar". Hay un interrogante por la lógica del sentido, que además nos involucra en la producción, circulación y recepción de los discursos sociales. Ahí surgen las tapas y sus representaciones mediáticas. Es significativo el abordaje que realiza Cora Gamarnik, una historiadora del campo de la fotografía, porque ella analiza el rol del fotoperiodismo durante la dictadura junto con la circulación de sentido de la fotografía y se pregunta: "¿Cuáles son esos mecanismos que se utilizaron para dar cuenta de un ejercicio de denuncia?". Además, debemos tener en cuenta el rol que tuvieron los medios masivos de comunicación, especialmente ligado a su complicidad junto con las empresas mediáticas, razón por la cual muchos investigadores e investigadoras pusieron en foco este debate sobre si es posible periodizar este momento particular de la dictadura en relación con el papel que ocupó la prensa. No solo estamos hablando de medios como instituciones, sino de medios que legitiman discursos, que circulan sentidos y que trabajan sobre representaciones. Por ello, algunos de estos investigadores trabajaron de modo interdisciplinario con la industria del cine, obteniendo una respuesta heterogénea sobre la relación del golpe y el abordaje del campo de las ciencias de la comunicación, especialmente con las políticas de memoria. En este periodo, aparecen diversas problemáticas en el campo interdisciplinario, ya que no termina solo en investigaciones sobre algunos objetos y ciertas metodologías, sino que continúa sobre el ejercicio de la memoria que implica generar estos debates. No hay debates saldados, aun cuando parecen estarlo en este contexto particular.
¿Creés que el miedo y la persecución de periodistas conformó una autocensura que sigue hasta el día de hoy?
Cuando hablamos de autocensura, es importante señalar cómo aparece en la prensa gráfica, especialmente la de los grandes medios masivos de comunicación. En ese contexto, podemos mencionar Clarín, La Nación, La Prensa, La Razón, entre otros. Otra arista sustancial es el vínculo con el Estado al momento de otorgarle Papel Prensa a estos medios, lo cual les hacía contar con una situación de ventaja. El mismo 24 de marzo de 1976, a través de una serie de comunicados, aparece el Comunicado N°19, que es justamente, dar pena de reclusión a quien "difundiere, divulgare o propagare imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o terrorismo". Aquí, mentando a Marcelo Borrelli, los medios, y la prensa gráfica sobre todo, acataron este comunicado. Ya no se habla solamente de una cuestión de censura explícita, sino también del sentido de aceptar esto: que yo, como medio, como periodista, trabajo directamente desde la autocensura. Los interrogantes sobre qué sucedía con los detenidos y desaparecidos quizá no se mencionaban tanto, pero era por una línea que se ajustaba a esta suerte de censura suave. El golpe de Estado fue legitimado por estos medios y uno lo puede ver en los titulares de los diarios y las revistas, pero también es menester señalar que fue validado antes. Borrelli dice que en este caso en particular, los medios funcionan como una "caja de resonancia"; es decir, acentuaban ciertas palabras, y desde el análisis crítico del discurso eso comprende una dimensión sustantiva. Cuando muere Perón, hay un cambio respecto a la agenda setting, y la acentuación de palabras es evidente: caos, desorden, crisis, desintegración, descontrol, moralidad, desgobierno. Eran elecciones de palabras que motivaban a pensar que ese golpe era necesario.
¿Qué estrategias encontrás que se hayan utilizado desde los medios para lograr un consenso social?
No se puede hablar sólo de estrategias a la hora de crear consenso. Y esto se puede analizar incluso desde el cine, lo cual es relevante, ya que da la oportunidad de traer una tesis de Maestría en Historia Contemporánea de la UNGS, del investigador Maximiliano Ekerman. Específicamente, en la dictadura se trata de pensar en que las producciones que se van a financiar deben tener una articulación o una mención a ciertos temas, como lo son Dios, patria, familia y el ser nacional. La forma de crear consenso aparece desde ese lugar. Si bien hay estrategias para revertir y darle lucha a esto, la dictadura interviene muy fuerte. El Instituto Nacional de Cinematografía (INC) ejercía no solo como financiador y recortador de películas, sino que formaba parte de la trama de la censura. También existía el Ente de Calificación Cinematográfico (ECC) que surgió en 1968 durante la dictadura de Onganía y operó hasta 1984. Este organismo establecía qué producciones podían verse y cuáles no, prohibiendo escenas e incluso estrenos bajo los ideales morales de ese contexto. Esa era una herramienta sustancial para crear un consenso común. Además, ya había directores y artistas que no tardaron mucho en adecuarse a esa forma de trabajo, a tener que exaltar ciertos valores y dejar de lado otros. También debemos hablar de las figuras que fueron disruptivas en esto y, por ello, desaparecidas. Por mencionar directores, tenemos a Raymundo Gleyzer o Pablo Szir, que desaparecieron en 1976; en el periodismo, Rodolfo Walsh y su familia siguen siendo un asunto sensible. Después podemos hablar de todos los artistas, directores, actores y actrices que tuvieron que exiliarse tanto del campo de la comunicación como de la cultura.
¿Qué se puede mencionar de las fake news de ese entonces?
Siempre hubo fake news en términos de noticias malintencionadas, y en la dictadura lo vemos de modos específicos. Cora Gamarnik, por ejemplo, hace un estudio sobre la fotografía en Malvinas, y allí mismo se ve que la foto publicada de la bandera argentina en los titulares de "derrotamos a los ingleses", era en realidad una foto que se hizo en la ESMA, con el pabellón clavado, que además imitaba a la fotografía de soldados estadounidenses durante la Batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial. Además, era imposible que se publicara el 3 de abril, no daban las cuentas. Esto no solo significó una noticia falsa, sino una humillación a nivel internacional por el alcance que tuvo. Respecto al fotoperiodismo, tenemos el caso de la revista Gente que continuamente instauraba un relato de triunfo, de superioridad militar, de "estamos ganando y seguiremos ganando". Se asocia mucho con el carácter indicial de la fotografía, por esta idea de que si hay una foto, entonces esto realmente sucedió. Así como daba cuenta de la ausencia de un detenido desaparecido, también daba credibilidad a ese supuesto triunfo que estábamos teniendo. Entre 1980 y 1982, el fotoperiodismo se involucra más en el registro de las grandes movilizaciones. De ellas sale la fotografía tomada por Jorge Sánchez durante la Marcha por la Vida, donde el oficial Carlos Gallone supuestamente abraza a Susana Leguía, una Madres de Plaza de Mayo. Con esa foto, los titulares trataban cómo el gobierno había hecho las paces con los organismos de derechos humanos, especialmente con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Sin embargo, no era un abrazo, revisando la secuencia, en realidad, la está inmovilizando por la protesta y aprovecha que la cámara está cerca, mientras los demás manifestantes gritaban para que la soltara. Trucajes por parte del gobierno los hubo en grandes cantidades, efectivamente podían decir que estaban ganando la difusión de noticias falsas. Y ahí surge algo interesante, que es ver de qué modos se conformaba la burla a estas personas. Gamarnik retoma la figura de Guillermo Loiácono, que a partir de metáforas y de recursos relacionados a la polisemia de la imagen, satirizaba a estos sujetos: metiéndose un dedo en la nariz, una risa que muestra muecas extrañas, entre otras. Y esto dejaba una inscripción del poder de la fotografía.
¿Qué mensajes se podían encontrar en la cultura y el arte en este contexto para revertir esta censura?
Las películas que se adecuaron solían trabajar aventuras y policiales, donde aparecía la figura del policía bueno. Estaban los filmes de Palito Ortega, en donde se alineaba con el gobierno de facto: Brigada en Acción, de 1977, trabajaba con la tríada de "Dios, Patria y Familia" en conjunto con la religión. No hubo demasiado cine propaganda en sí, pero hay una excepción muy alevosa con La Fiesta de Todos, una comedia ambientada en el Mundial 78 donde aparecen en escena Videla y la Junta Militar. El mensaje era claro: "Este también es tu festejo". Y en el medio, estaba la ESMA, casi al lado del Estadio Monumental, junto con el reclamo de dónde están nuestros desaparecidos frente a la prensa extranjera. ¿Cómo se eleva esa cuestión respecto a la denuncia pública a la cual los medios de otros países hacían eco? Con metáforas y alegorías: aparecen películas como La Nona, o Los muchachos de antes no usaban arsénico. En ambas historias nos encontramos con abuelos que parecen indefensos pero que sumen a la familia en una crisis profunda, tal como la que se vivía en ese entonces ante las políticas neoliberales de Martínez de Hoz, además de que había desaparición de personajes. Hacia el final de la dictadura sí vemos largometrajes que, efectivamente, condenan la recesión, tales como Plata Dulce o Tiempo de Revancha. Sin embargo, tenemos zonas grises, como lo explicita Ekerman, con películas como las de Porcel y Olmedo, ¿qué pasa con ese humor picaresco? El ECC decidía hasta dónde sí y hasta dónde no, porque debía ser contenido apto para todo público. Un caso relevante es el de la Coca Sarli, quien salió a denunciar por la censura argumentando que ella venía hace años haciendo cine erótico y jamás sufrió ningún recorte, y de repente eso estaba pasando.
Actualmente, ¿de qué manera podemos hacer resistencia dentro de los medios de comunicación?
El ejercicio de resistencia y memoria dentro del campo de la comunicación y dentro de los medios en particular, excede la cuestión mediática, porque es un debate que tiene que darse siempre desde lo público. En una sociedad civil, un pueblo, es necesario el ejercicio constante y reflexivo que implica hacer memoria. Cuando pensamos en ello, tenemos que pensar que son disputas que no están saldadas, sobre todo en UNGS, tan cercana a Campo de Mayo. Ese lugar habita nuestro territorio y nuestras historias, especialmente para aquellos que nacimos en esta parte del conurbano: se relaciona con nuestras madres, nuestros padres, abuelos o vecinos que vivenciaron la dictadura. No solo tiene que ver con una señal ética respecto a Memoria, Verdad y Justicia en una estación de tren, sino con un debate del cual creo que los medios deberían hacerse cargo, que es el que involucra a la figura de un detenido desaparecido. Porque aparecen variados discursos que deslegitiman a las organizaciones de derechos humanos, como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., y sigue vigente esta teoría de los dos demonios que incluso se sigue enseñando en algunas escuelas. Siempre se ve que en los canales de streaming, portales de noticias y medios irrumpe el mismo discurso de "algo habrán hecho". Este tipo de representaciones sociales repercuten en el afuera. Ahí necesitamos todavía una forma de pensar estos temas, porque nos toca una fibra muy íntima y delicada como sociedad al trabajar y emplear la memoria, pedir verdad y buscar justicia. Con esto no quiero decir que no debe haber libertad de expresión o el derecho a tener la palabra, pero sí veo necesario no ridiculizar y deslegitimar este asunto que en otros países, como Alemania respecto al holocausto, implicaría una sanción por el negacionismo o minimización. El ejercicio de los medios debería ser reconocer lo que implica, lo que implicó y lo que sigue implicando, porque es una herida abierta: seguimos buscando desaparecidos a pesar de los alegatos por borrar y no mirar al pasado. Para mí, debería ser al revés, que su aparición en producciones, documentales, cine o en medios masivos tenga un lugar adecuado, que se vuelva a ello, pero siempre teniendo cuidado respecto a los discursos negacionistas que siguen circulando y que, en realidad, nunca dejaron de circular, solo que hoy parecen tener legitimidad.
Respecto a la derogación del Estatuto del Periodista Profesional, ¿creés que se puede vincular con las prácticas de la dictadura sobre la prensa?
A la hora de hablar en nuestro contexto particular sobre la figura del periodista y todo lo que tiene que ver con derechos laborales, vemos una desacreditación de la labor periodística. Está muy relacionado con una serie de cadenas o de hechos que atentan con la pluralidad de voces, lo cual lo reparaba la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sancionada en el 2009, que trataba de desarticular la concentración mediática de los grandes oligopolios y darle lugar a la comunicación comunitaria, a los medios populares y alternativos. Hoy estamos en otro tipo de circunstancia: despreciar y difamar la práctica periodística, incluso a nivel gremial y la quita de derechos laborales. Se ve conectado con el cierre de la agencia de noticias Télam, la cual se disolvió en el 2024, y también con las diatribas constantes hacia el campo por parte de la Secretaría de Prensa y del mismo presidente con su "no odiamos suficiente a los periodistas", además de acusarlos de mentirosos. Entonces, ¿qué sucede con esta práctica hoy? Resulta ser una gran problemática para las ciencias de la comunicación así como para el periodismo, ya que se ponen en juego también los criterios de noticiabilidad. Lo que antes llegaba a ciertos puntos, luego del cierre de Télam, hoy no llega. También es importante resaltar la idea de que la prensa no solo tiene que estar acreditada como prensa, sino que debe tener un lugar específico, porque ¿dónde queda el rol del fotoperiodismo? Y hablar de eso hoy, conlleva un pedido de justicia por lo que le pasó a Pablo Grillo. Implica también poder dar cuenta de las estrategias que se utilizaron y utilizan para poder ridiculizar a estas figuras. Un ejemplo de esto es Tomás Cuesta, fotoperiodista que trabaja para Infobae y La Nación, al cual meten preso el año pasado en una marcha de jubilados y le hacen una denuncia como si se hubiera resistido a la autoridad, cuando él solo estaba sacando fotos. Después de esto, Cuesta implementó una estrategia para dejar en ridículo a estos sujetos de poder, lo vemos en sus fotos a Milei y a distintos participantes de ese movimiento. Cuando hablamos de censura y persecución, sabemos que sucedió y aún sucede en distintos gobiernos. En algunos tuvo más legitimación que en otros. Claro que nunca fue en un grado tan alto como en la última dictadura, pero sí es un legado, algo que nos queda pendiente en democracia para seguir trabajando, tal como sucedió con Cabezas por la fotografía que denunciaba a Alfedro Yabrán. Hay una cuestión de lógica de poder, tanto de los gobiernos como de los empresarios a la hora de perseguir periodistas y fotoperiodistas, especialmente en un escenario donde la violencia y el odio circulan con tanta naturalidad. Entonces, vale preguntarse: ¿vale todo en este contexto? Yo creo que no.
La serie de entrevistas 50 años: Conversaciones en presente las realizó y transcribió Lucía Giarrizzo, a partir de una idea en conjunto con Sebastián Russo Bautista. Acompañó el proceso el equipo de Comunicación de DBS.
Invitamos además a leer las crónicas y reseñas que también forman parte de este Especial de Sombras Terribles, al igual que las entrevistas a César Mónaco y María Pía López.
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