La guerra que nos contaron
Si la tragedia es el campo de batalla del olvido, la acción de la palabra es el territorio recuperado donde el héroe deja de ser un mito para volverse historia viva. En este sentido, DBS incorpora las voces de los Veteranos de la Guerra de Malvinas (VGM), en una nueva conmemoración del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas.
“Puede más la indiferencia de tu gente, que la bala más voraz del enemigo / Hubo menos héroes muertos en el frente, que en el campo de batalla del olvido” (Héroes de Malvinas, Ciro y los persas).
“Ya no me busquen más, ya no estoy donde querían / me saturó la información que me vendían” (Vivirías, Cadena Perpetua).
Desde su aparición en la cartografía europea y la posterior usurpación británica en 1833, que expulsó a los pobladores criollos, el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas se volvió un elemento persistente de la política argentina y un componente fuerte del imaginario nacional. Como señala Horacio González, Malvinas ocupa un lugar central en el “diccionario sentimental e histórico” del país, cargado de significados que atraviesan generaciones.
La última dictadura militar (1976–1983) activó ese fondo simbólico para legitimar la guerra de 1982, construyendo un relato épico sostenido por la propaganda y el control de los medios que repetían una imagen de avance, control y heroísmo que buscaba sostener el apoyo social. Aquella construcción dejaba fuera las dimensiones centrales de lo ocurrido, especialmente las condiciones reales en las que combatían los soldados. Con el retorno de la democracia, emergieron silencios y versiones en disputa y con el tiempo esas experiencias comenzaron a emerger y a tensionar el relato. Nos proponemos volver sobre esas capas de discurso —épica, silencio y testimonio— a partir de relatos de los VGM del conurbano bonaerense, que recuperamos en el proyecto Voces de Malvinas. En particular, se retoman los testimonios de Claudio Alberto Parla, Pedro Antonio Alegre y Pablo Conde, para pensar cómo la experiencia vivida desestabiliza las versiones oficiales.
El testimonio del VGM Parla permite observar el funcionamiento concreto de ese dispositivo. Asignado al área de Comunicaciones, trabajaba con teletipos que transmitían información a periodistas de la agencia estatal Télam. Sin embargo, tras el “bautismo de fuego” del 1° de mayo, ese circuito fue interrumpido: “Sacaron los teletipos, se quedaron sin nada los periodistas. La información la filtraban solamente los militares y la daban los militares”. Asimismo, recuerda que no tenía acceso a la información mediática que circulaba en el continente, marcando el control sobre lo que circulaba incluso dentro del propio frente. La distancia entre relato y experiencia, evidenció en su relato de VGM Alegre: “Escribí cartas, pero no llegaron, porque las abrían, yo puse algo del bombardeo, si no les gustaba no las mandaban”. Incluso hechos cruciales, como el hundimiento del ARA General Belgrano, no fueron comunicados oficialmente a los soldados, quienes se informaban a través de una radio uruguaya.
A su vez, los testimonios coinciden en señalar problemas estructurales: desorganización, falta de coordinación entre fuerzas y precariedad logística y desconfianza en los superiores. Sobre cómo recibió la noticia de la rendición, Conde dijo: “Estábamos haciendo posición, lo veo al capitán saltando una reja de madera, se iban y dije ‘hay que irse’”. La desconexión y falta de previsión formaban parte de la experiencia cotidiana, que se hizo sentir también en la escasez de alimento desde finales de mayo. La épica, en este sentido, funcionó como una operación política que encubrió el padecimiento real.
Con el retorno de la democracia, la narrativa épica perdió centralidad, pero no fue reemplazada por una memoria integrada. En su lugar, se configuró un proceso denominado “desmalvinización”. Más que un simple olvido, se trató de una forma de procesar el pasado en el contexto de otras urgencias, como el juicio a las Juntas Militares. Malvinas quedó en una zona ambigua y la figura del veterano quedó atrapada entre el mundo militar y el civil, sin una reintegración social efectiva. El regreso estuvo atravesado por el control y el ocultamiento. “Nos llevaron por la puerta de atrás y nos dijeron que nos quedemos callados”, cuenta Alegre.
Los soldados enfrentaron dificultades para hacer oír sus experiencias y acceder a un reconocimiento sostenido. “Faltó el Estado, no estuvo a la altura de las circunstancias”, resume Parla. El silencio también se expresó en experiencias cotidianas, recuerda el caso de un compañero obligado a bajar de un tren por no tener boleto al regresar de la guerra: “Ese fue el primer cachetazo”. Lejos de habilitar reconocimiento, la condición de excombatiente muchas veces se convirtió en un obstáculo social. Alegre hasta omitía ese dato para evitar el aislamiento social. El VGM Conde afirma: “Era algo nuevo, iba al pool donde me conocían todos y no sabían cómo tratarme”. “Hasta nos decían los loquitos de Malvinas”, agrega Parla. La “desmalvinización” operó, así como una política del silencio, que desplazó la guerra del centro del debate público y dejó a los veteranos en los márgenes. Frente a estas narrativas —épicas o silenciosas—, el testimonio de los excombatientes introduce una ruptura.
La guerra aparece fragmentada, situada, atravesada por condiciones materiales concretas. Explica Parla: “Cada uno en Malvinas vivió su propia historia. No es lo mismo mi guerra que mis compañeros en Monte Longdon. Era una lucha cuerpo a cuerpo, matar o morir. A mí me combatieron, yo no podía combatir. Con un fusil, ¿cómo podía contrarrestar yo los ataques aéreos o los de las fragatas?", explica Parla. Esa fragmentación rompe con la idea de una experiencia uniforme.
En las últimas décadas, la disputa por la memoria también se trasladó al campo audiovisual. Ante la escasez de imágenes del combate, muchas producciones colocaron en el centro la voz de los excombatientes. Desde ficciones hasta documentales —y, más recientemente, contenidos en plataformas digitales—, el testimonio se volvió un recurso clave para reconstruir sentidos y discutir los efectos de la desmalvinización. Esta centralidad de la palabra también se extiende a propuestas educativas, donde la historia reciente se transmite articulando la reivindicación de la soberanía con el reconocimiento de la experiencia de los soldados.
En ese entramado de producciones, la universidad pública comenzó a ocupar un lugar clave en la construcción de memoria sobre Malvinas, especialmente a través de proyectos de archivo oral. El proyecto “Voces de Malvinas, Archivo de las memorias de los combatientes” es un proyecto abierto y federal, impulsado por el Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús, que propone registrar y preservar testimonios de protagonistas de la guerra. En nuestra casa, la UNGS, el trabajo se desarrolla desde el Espacio de Producción de Medios del Instituto del Desarrollo Humano. Estas iniciativas se articulan con espacios como la Biblioteca “Horacio González”, también de la UNGS, generando instancias de encuentro y reflexión colectiva en el ámbito universitario, como las jornadas en el marco del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Estos dispositivos no solo documentan, sino que producen memoria pública alternativa, basada en la escucha y en el reconocimiento de la experiencia.
Al mismo tiempo, los propios veteranos impulsan formas de intervención con el propósito de rescatar la memoria, promover la reflexión sobre la soberanía y honrar a caídos y ex combatientes. Claudio Alberto Parla participa en charlas educativas, donde la palabra se vuelve una forma de elaboración y de transmisión. Pedro Antonio Alegre participa en el Museo Móvil Héctor Bordón, llevando a escuelas y comunidades pertrechos, fotos, cartas y otros elementos para acercar su experiencia. Pablo Conde forma parte del Grupo por la Soberanía, una organización que reúne excombatientes y militantes que realizan acciones en defensa de la soberanía nacional.
La pregunta por Malvinas sigue abierta. Como plantea Conde: “Tenemos que ver qué representa la soberanía hoy, es decir, qué entienden las nuevas generaciones. Si no escuchás y replanteás, quedás en el vacío”. Volver sobre la guerra implica revisar los hechos, los relatos que la hicieron posible, los silencios que la rodearon y las voces que quedaron al margen. En esas voces —fragmentadas, diversas, a veces contradictorias— se configura una memoria que no está cerrada, que se reactualiza y sigue produciendo sentidos. El testimonio no ordena el pasado ni lo cierra: lo abre y lo vuelve problemático. Permite acceder a dimensiones invisibilizadas que no encajan en la narrativa heroica.
Malvinas y el reclamo por la soberanía no son únicamente un episodio del pasado: son una zona de disputa donde se define la relación entre historia, política y las formas en que una sociedad decide recordar.
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