El murmullo del potrero
PRIMER PASO: TOMAR LA VOZ
Los interrogantes se nos aparecen inevitablemente: ¿por qué una revista?, ¿para qué otra revista más?, ¿por qué no la hacemos con ChatGPT?
Dicen que toda acción genera su reacción, que la historia es dialéctica y que después de Pink Floyd viene el punk. No lo sabemos. Pero ahora que la denominada “Inteligencia Artificial” ha comenzado a producir enormes cantidades de texto sin alma, creemos que es necesario reintroducir el elemento humano en la escritura. Llegará el punto en el que añoraremos los yeites y firuletes de la escritura, las inconfundibles sonoridades rioplatenses y lunfardas, las plumas personalísimas que no se parecen a ninguna, incluso los pifies y errores de ortografía. Tal vez sin proponérselo, la Inteligencia Artificial venga a recordarnos la importancia de aquello que siempre estuvo ahí.
Lanzamos una revista porque creemos que cualquier persona es infinitamente más creativa e inteligente que cualquier bot y cualquier chat, y porque ninguna tecnología conoce mejor que nosotros el rincón del mundo que habitamos. Lanzamos una revista porque la periferia viene ganando posiciones en todo el mundo y estamos encantados. Porque las universidades conurbanas forman profesionales, pero además generan orgullo y nos invitan a reconocer aquello que creíamos conocido. Porque la provincia de Buenos Aires ya fue suficientemente narrada por y desde el centro —sus escritores, sus historiadores, sus medios de comunicación— y está empezando a narrarse a sí misma, orgullosa y altiva.
Los tiempos están cambiando y esta revista no es más ni menos que un medio para encontrar una voz concreta que nos represente: la nuestra.
NADIE SE EMBARRA DOS VECES EN EL MISMO BARRO
¿Cuál es la materia primordial a partir de la cual se creó el Universo?
Un molinero lunático y locuaz del siglo XVI, conocido como Menocchio, expuso su singular cosmogonía frente a sus inquisidores. Dijo, entre otras cosas, que en el origen “todo era un caos, es decir, tierra, aire, agua y fuego juntos; y aquel volumen poco a poco formó una masa, como se hace el queso con la leche y en él se forman gusanos, y éstos fueron los ángeles; y la santísima majestad quiso que aquello fuese Dios y los ángeles”. Por supuesto, murió en la hoguera.
Mucho antes de que los pruritos religiosos condenaran ciertas sustancias por vulgares, innobles y mundanas, los filósofos presocráticos buscaron explicar el origen del universo a través cuatro elementos fundamentales: tierra, aire, agua y fuego. Es curioso observar que todos estaban en la génesis de Menocchio y que el barro es la mezcla de los primeros.
De hecho, no son pocas las mitologías para las cuales el Universo o el ser humano fueron creados a partir del barro. Su plasticidad y cualidad amorfa, su capacidad de solidificarse frente al calor y su generosa omnipresencia constituyen virtudes que no han pasado inadvertidas. La humanidad viene alimentando su imaginación con los yacimientos de barro desde hace milenios.
Es sustancia y es sinécdoque. Porque el barro es también el origen social humilde: el lugar de donde venimos, la infancia, la experiencia que forja una identidad en estas latitudes. Nos acompaña en la suela de los zapatos, como un suelo que seguimos pisando sin saberlo. Podríamos incluso robarle una “i” a la frase de Troilo y el sentido sería el mismo: “Alguien dijo una vez que yo me fui de mi barro. ¿Cuándo?, ¿pero cuándo? ¡Si siempre estoy llegando!”.
No buscamos perlas ni metales preciosos. No nos interesan las tierras raras. Aspiramos a las cualidades comunes y corrientes de la materia que viene moldeando el devenir de lo humano desde el fondo de los tiempos.
DOS O TRES COSAS
El campo interdisciplinario de la Comunicación no se dedica a estudiar (solamente) medios de comunicación: estudia procesos de producción y circulación de sentido que constituyen una dimensión fundamental de la vida social. Buscamos superar las concepciones instrumentales según las cuales se trataría de transmitir información: de lo que se trata es de construir un vínculo con el Otro. Nos interesan menos los medios que la construcción de lo común.
El discurso mediático es uno más de los discursos sociales y quizás durante mucho tiempo ha sido sobredimensionado. Estamos a tiempo de corregir esos excesos y poner en el centro la compleja, rica y diversa polifonía de lo social. Hay voces que siempre estuvieron ahí, que vienen murmurando desde hace mucho tiempo y que luchan por hacerse escuchar.
Frente a una obra maestra de la arquitectura gótica, construida por innumerables artesanos anónimos, Orson Welles dice: “esto ha estado aquí por siglos. Quizá la mayor obra del hombre en todo el mundo occidental. Y no tiene firma”. ¿Quién creó el habla, la flecha, la guitarra, el baile, la pregunta, la pelota y el potrero? Ningún príncipe. Ahora que todo se patenta y tiene copyright, es bueno recordar que muchas de las más grandes creaciones de la humanidad son anónimas y colectivas.
En el mismo sentido, Piglia decía que “el tipo que inventó el soneto es mejor que Dante”. Eso buscamos: crear un espacio colectivo para que otros experimenten, creen y brillen, y en el mientras tanto ir narrando nuestra experiencia, documentar la época, mapear el territorio, construir memoria. Tomar la voz es el primer paso de un camino que, esperamos, nos trascienda ampliamente.
La Licenciatura en Comunicación de la UNGS se complace en presentar Donde el Barro se Subleva, la revista-potrero que busca canalizar ese viejo murmullo que —cada tanto— se subleva.
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