La lengua como forma de resistencia.
Mujeres y literatura en la Europa Moderna
Las mujeres, a lo largo de la historia, han sufrido de la marginalización social cuando se trató de cultura y ciencia. Sin embargo, hoy podemos tomar registro de todas aquellas que, aun a riesgo de saber que su trabajo permanecería bajo la sombra de una sociedad misógina y patriarcal, decidieron perseguir sus ambiciones. Dentro de la lengua escrita, sea en la narrativa, el ensayo, el teatro, las mujeres también han sido castigadas: en el marco de amores que han terminado en suicidio, hasta aquellas que, por no cumplir con los mandatos impuestos, se vieron escarmentadas.
En La lengua como activismo político de las mujeres en la modernidad europea (Ediciones UNGS, 2023), nos adentramos de lleno en este tipo de historias que, quizá para muchxs, se mantienen ocultas. Compilado por Juan Lázaro Rearte y María Guadalupe Marando, se nos presenta un libro dividido en cuatro partes: un estudio introductorio; un apartado específico para el teatro y la poesía y otros dos enfocados en ensayos y narrativas. Aquí, nos detendremos en los últimos tres.
En su segunda categoría, “Teatro y poesía”, se nos proponen dos obras de Schiller donde María Estuardo, reina de Escocia, y Juana de Arco son las protagonistas. Ambas representan, a su modo, lo que para Schiller es el ideal de libertad y de humanidad: encarna en ambas líderes su condición más humana y cercana, la más vulnerable. Así, se expresa cómo su propio destino se ve ligado a un rol político más grande, cada una de sus contextos específicos y con sus diferencias de época: mientras María Estuardo vive durante casi la mitad de su vida encarcelada por órdenes de su prima Isabel I de Inglaterra, Juana se ve al frente de los ejércitos franceses durante la Guerra de los Cien Años.
También, en las obras de Shakespeare, específicamente El rey Lear, nos topamos con personajes que rompen explícitamente con su papel y rol social: las tres hermanas, Goneril, Regan y Cordelia, representan una intimidad profunda, pero la menor, Cordelia, es despojada de su herencia cuando admite no amar a su padre más de lo que el deber la obliga a hacerlo. Hay un quiebre llamativo respecto a lo que la figura de la hija representaba en ese entonces, para una familia regida por un patriarca y, más hondamente, por un rey. Entonces, surge una incógnita que dentro de este libro se explica con detenimiento: si podemos leer e identificar tramas que pueden seguir resonando en la actualidad, ¿podemos afirmar que hay una cercanía entre Shakespeare (al igual que tantos otros autores y autoras) y la sociedad moderna?
Además, Oscar Wilde también se vuelve protagonista en una de estas narrativas. Aunque no se destaque por su condición de masculinidad dentro de una compilación donde quienes imperan son las mujeres, éste surge como un ícono de resistencia al romper y moldear a su criterio la moral victoriana. Desde cuestionar el esteticismo de una época, hasta persistir encarcelado por su sexualidad, Wilde denota un legado que ha perdurado desde entonces.
Respecto a los ensayos, se nos detalla con delicadeza y minuciosidad la empresa de variadas mujeres que han aportado mediante sus estrategias nuevos fundamentos que poner en la balanza y en la discusión sobre los derechos del colectivo femenino. Resulta de sumo interés adentrarse en la vida de aquellas que, tanto por su estatus como por resiliencia, han dedicado su vida a estimular e incentivar la educación (y su defensa) para su propio género. Entre ellas, el libro da lugar a mujeres como Christine de Pizan y a su texto La ciudad de las damas; diversas mujeres de gran importancia en la historia de la humanidad conforman una discusión que fomenta un debate sobre la inserción femenina en la educación y sobre su rol político.
También se nos describe cómo otras, de un estatus mayor y privilegiado, tal como Elise Reimarus, sacaron provecho de ello para expandir el conocimiento y brindar sus espacios para que hubiera intercambios entre mujeres donde se pudiera exponer la ciencia, el arte y sus propios escritos. Entre ellas, se vislumbra a Mary Wollstonecraft o las Universitätsmamsellen (“señoritas de la universidad”), las cuales se volvieron pioneras en la lucha por los derechos de las mujeres, sobre todo en la época del Iluminismo al reclamar que la diferencia principal radica en la falta de oportunidades que las mujeres llevaban encarnada durante su vida.
Siguiendo los escritos de Wollstonecraft, las señoritas de la universidad desarrollan novelas epistolares donde sus protagonistas sufren de estas problemáticas, donde el acceso a la educación y conocimiento les es negado y la única salida que encuentran por ese entonces es la subordinación al matrimonio. Hay un anhelo de libertad que atraviesa el papel.
En “Narrativas", la última sección del libro, nos adelantamos unos años para conocer a la hija de Mary Wollstonecraft: Mary W. Shelley. Ella no solo integra el conocimiento filosófico y social de sus padres, sino que descubre que en sus propias historias puede plasmar el sufrimiento e injusticias que padece su género, creando un monstruo que solo tiene ansias de ser aceptado pero que a cada intento falla estrepitosamente. También, de un modo biográfico, una hija que se aísla ante el deseo que su padre expresa por ella, mientras quiebra sus ilusiones y crea un espiral de sufrimiento para ambos, concluyendo en una autocondena donde el exilio y el suicidio parecen ser las únicas salidas posibles.
A contraposición de todos los textos anteriores, cuando se habla de la figura de la institutriz en Jane Eyre y Agnes Grey en el último escrito, vemos mujeres que no tienen una posición socioeconómica alta, sino baja: esto hace que sus alrededores intelectuales deban ser construidos con esfuerzo, pero que también sufran de primera mano las injusticias. Luego de que pudieran celebrar cierto avance en los espacios científicos y culturales, las mujeres se vieron perjudicadas cuando, durante la época victoriana, la figura femenina se vio una vez más limitada a las tareas domésticas. Así, estas dos protagonistas encuentran que el mejor modo de independizarse o ayudar a sus familias es impartiendo la educación. Sin embargo, hay una especie de frontera: su figura se extrapola no a la de una mera educadora, sino a una maternal, a una moldeadora de futuras esposas. Aún así, nos encontramos con protagonistas que logran alcanzar su felicidad al final, donde sus ambiciones y pretensiones son alcanzadas luego de haber seguido un camino individual o familiar en lugar de definirse bajo el peso de un vínculo romántico.
En suma, “La lengua literaria como activismo político de las mujeres en la modernidad europea”, nos presenta variadas mujeres (y una pequeña cantidad de hombres) que han dejado una huella importante no solo en la cultura literaria, sino en la cultura de la lucha social, denotando que, aún si el término feminismo parece anacrónico, han existido vestigios de éste desde el comienzo, sirviendo en defensa de la inclusión y la equidad, tanto desde posiciones altas y bajas de la sociedad, revelando que las mujeres han estado, siempre, sublevandose desde el barro mismo.
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