Parece anecdótico
No hay treguas, otro fin de semana de trabajo arduo. El trabajo exige tiempo, rapidez, y eficacia. No está exento de las condiciones que atraviesan el círculo que rodean. Prolapso mistral, enfermedad cardíaca, puntadas en el pecho. La máquina que actúa como un reloj de pared cuenta los segundos en los que aumentan las pulsaciones en los pacientes. Aumentan los nervios de las médicas, una señora que lucha con su vista para poder manejar bien las herramientas a su disposición y la médica más joven está teniendo una de sus primeras experiencias en el área coronaria. Las dos miradas parecen apuntar a un lugar tratando de mirar un horizonte, fingiendo la visión que muchas veces está perdida. ¿Mirada perdida? La señora más grande se acomoda veinte veces los lentes por segundo, la joven acompaña el ritmo del compás con la pierna, se arma la orquesta. Los ruidos constantes de la sala parecen formar una sinfónica. Los instrumentos quirúrgicos pasan a ser instrumentos de viento. Un hombre en la camilla, el sueldo cada vez menos digno: soldados armados que no gatillan. Una vez más las médicas deben enfrentarse con la ansiedad que oscila en el ambiente, salario bajo pero una entrega que debe hacerse al cien. “Vocación” es una palabra que entiende perfectamente Agustina, mi abuela, que se encuentra en edad jubilatoria y aún sigue dejando el cuerpo por el bienestar del paciente. Por otro lado, su compañera, una joven estudiante, tiene sus primeros pasos en el mundo de la medicina. -¿Cómo se hace? -murmura Agustina con voz quebrada y gesto impaciente. -¿Necesitás ayuda, Agus? -responde mi abuela. Agustina tomó el celular con las dos manos y se lo dio apretando las manos de su compañera. Parece anecdótico, casi caótico, evento canónico. Un sistema de salud que se encuentra en crisis, la falta de capacitación y el estado grave del paciente actúan bajo una especie de simbiosis. El ciclo es repetitivo, los que algunos consideran un hecho aislado es el pan de cada día de otros. Las grietas de las paredes solidarias se humedecen por el constante duelo en el que se encuentra nuestra sociedad. Sin embargo, si uno ve a través de las grietas puede observar movimiento, si se apoya sobre ellas puede oír pasos, voces, personal de la salud, y personas hospitalizadas que se unen en un mismo sentir. El sentir del ser humano, cada uno de ellos logra sobrevivir y dar lo mejor de sí, para darle sentido a los que muchos llaman VIDA. Parece anecdótico: la lucha constante de las médicas que enfrentan a un sistema de salud empobrecido. El resoplo de las médicas que deben estar atentas a la persona de la que están a cargo, y pensar en la otra persona que luego tocará atender. Los máximos responsables de que no haya personal suficiente y no haya recursos esconden secretos detrás de la puerta de la clínica. El ojo clínico vigila todo lo malo que sucede, pero no tiene voz, actúa como una especie de “ojo de buitre” que aparece en el “Corazón Delator” de Edgar Allan Poe. Si tan sólo la decadencia del sistema de salud pudiese ser retratada, tomaría forma en alguno de los personajes de esta trama. Parece anecdótico, las miradas cuentan historias a través de experiencias. Las experiencias construyen a los individuos que aparecen en esta escena. Recorren los pasillos, se esconden tras las paredes y parecen traspasarlas llevándolas hacia un lugar. Ese lugar indescifrable, es el horizonte al que se apunta con la mirada que creemos puede salvarnos. No somos herramientas que se desgastan, más bien, cuerpos que se cansan y fatigan. Por lo tanto, nuestro cuerpo material no se desvanece, continúa, pero nuestra estadía en la tierra es pasajera. Las dos médicas tratan de buscar un horizonte, el mismo que buscamos desde que vemos la luz. La mirada sigue perdida, pero el ojo clínico sigue mirando las injusticias que se intentarán con esta charla poner en la órbita.Autores:
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