Durante mucho tiempo pensé que los veintitrés eran un sueño. No sé de dónde salió esa idea, pero estaba convencida de que esa edad llegaría con un departamento elegido con calma, muebles comprados de a poco, almuerzos de domingo en la casa de mi mamá y la tranquilidad de saber que irme de casa sería un paso natural.

