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El refugio del barrio

Por María Koleckar

 

En el Centro Educativo Comunitario “Talita Kum” las mañanas comienzan temprano. Haya frío o calor, aunque llueva o truene, el lugar siempre abre sus puertas a niños y niñas de distintas edades en etapa escolar. Al fondo de la calle Catamarca, en el Barrio “Bajo Pacheco” de Tigre, yace impetuoso éste refugio.

Llegué ahí en 2015, cuando estaba en el último año de la secundaria y en simultáneo hacía post-confirmación en la Iglesia de Pacheco. El proyecto que teníamos consistía en la ayuda social o “acción social”, como lo llamaban ahí, en lugares cercanos para colaborar con la comunidad. Algunos grupos iban a visitar ancianos en residencias, otros juntaban alimentos o ropa para distribuir y a nosotros nos tocó “Talita Kum”. 

Una vez que ya sabíamos a dónde ir, nos dividimos en grupos e íbamos por tandas dependiendo el día de la semana. A mí me tocaba ir los viernes. Salía del cole al mediodía y me dirigía rápido para ahí. Tenía mucha incertidumbre antes de empezar.

“Buenos días, ¿cómo están? ¿Descansaron bien?”, es lo primero que se oye al ingresar. Con sólo recorrer unos pocos metros del pasillo hacia el comedor, el aroma del mate cocido me invade. Las infancias desean encontrarse con esas ricas galletitas dulces y ruegan agarrar primero la rosada, que es su favorita. Luego, intercambian unas palabras de bienvenida y, antes de arrancar a comer, hacen un rezo para bendecir los alimentos. Tener que esperar ese ratito cuando la panza hace ruido es difícil, pero igualmente lo hacen y respetan el silencio. Esa paciencia que fomentan resulta muy valiosa, porque actualmente vivimos en una sociedad que no puede esperar.

¿Por qué tienen que rezar? “Talita Kum” es un Centro Educativo que pertenece al Obispado de San Isidro. En otras palabras, son quienes lo financian, casi en su mayoría. Entonces el lugar posee valores católicos como el rezo, la ayuda al prójimo y la caridad. Vuelvo a ellos. Se ríen, comen, se cuentan cosas lindas que les pasaron y también cosas feas. Por ejemplo, que papá ayer estaba borracho y le habló mal a mamá. Que no pudieron salir a jugar a la pelota porque estaban cuidando a los hermanitos. Que mamá les hizo una comida nueva, que inventó con pocas cosas y que hizo magia. Ellas siempre hacen magia. 

Entre tantas realidades que se entrecruzan, que llegan al corazón y quedan ahí latiendo, las maestras y voluntarias se disponen a cambiarles el día. A veces es difícil hacer que se olviden de todo eso que preocupa, pero con mucho laburo pueden lograr que construyan otra realidad para sus vidas. Con la panza llena, llega el momento del estudio. Se hacen las tareas pendientes del colegio, se les enseña a leer y escribir, se explican temas y les dan útiles. Y ahí, entienden, de a poco, que el colegio puede ser una salida a sus realidades feas y una ayuda también para su familia. Caso contrario, ¿cómo va a seguir haciendo magia mamá? ¿Y quién le va a enseñar a leer o a escribir?

Hasta el segundo semestre del 2025 se registraron, según el INDEC, más de 5 millones de personas en situación de pobreza e indigencia, sólo en el conurbano bonaerense. Esto expone un dato sumamente preocupante sobre la realidad económica que atraviesa el territorio. Y no es que la gente no trabaje, por el contrario, es una de las regiones en las que más pluriempleo se registra. Estas personas salen todos los días a trabajar para ganarse el mango, que tienen que tener changas, que hacen malabares para alimentar a sus familias. 

En el “Bajo” Pacheco, al igual que en muchos barrios del conurbano, el Estado no está llegando. Pero los chicos y chicas tienen que comer. Tienen que salir un rato de esa casa en la que la realidad duele. No pueden quedarse a esperar que llegue algo mejor, lo salen a buscar. Talita, entonces, ya no es sólo un merendero ni un apoyo escolar: es otra cosa, es algo más. Lo sienten como un hogar, porque les da seguridad y contención. Porque hay olor a comida rica. Porque están esos amigos con los que juegan y pueden ser niños. Porque las miradas abrazan. Y, sobre todo, porque es un lugar al que acudir cuando la realidad aprieta. 


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