Nacido y criado en Mendoza, con las restricciones económicas de los 90. Un desierto convertido, a fuerza de mucho trabajo humano, en una zona cultivable. Provincia austera y laboriosa.
Una pregunta retórica. Una cursada tropezada, atravesada, reconfigurada por un conflicto que atañe a todxs. La Universidad puesta en cuestión desde afuera permite y requiere la autorreflexión desde dentro, para actualizar, reafirmar y refundar un compromiso y a la Universidad misma, cada vez que se la nombre, piense, habite.
Nuestra rebeldía, por lo tanto, ya no se traduce únicamente en las grandes asambleas universitarias o en banderas partidarias desplegadas en las plazas de la Capital; a veces se manifiesta, de forma silenciosa, en este derecho elemental a la improductividad, en el reclamo íntimo del propio cuerpo.
Nacido y criado en Mendoza, con las restricciones económicas de los 90. Un desierto convertido, a fuerza de mucho trabajo humano, en una zona cultivable. Provincia austera y laboriosa.
Una pregunta retórica. Una cursada tropezada, atravesada, reconfigurada por un conflicto que atañe a todxs. La Universidad puesta en cuestión desde afuera permite y requiere la autorreflexión desde dentro, para actualizar, reafirmar y refundar un compromiso y a la Universidad misma, cada vez que se la nombre, piense, habite.
Nuestra rebeldía, por lo tanto, ya no se traduce únicamente en las grandes asambleas universitarias o en banderas partidarias desplegadas en las plazas de la Capital; a veces se manifiesta, de forma silenciosa, en este derecho elemental a la improductividad, en el reclamo íntimo del propio cuerpo.
Reseña crítica -colectiva- de “De derechos y derechas: un diálogo sobre los desafíos de la universidad”. De Germán Pinazo y Eduardo Rinesi, editado por EDUNPAZ, 2026.
Durante mucho tiempo pensé que los veintitrés eran un sueño. No sé de dónde salió esa idea, pero estaba convencida de que esa edad llegaría con un departamento elegido con calma, muebles comprados de a poco, almuerzos de domingo en la casa de mi mamá y la tranquilidad de saber que irme de casa sería un paso natural.
Mujeres de todas las edades, clases sociales, pequeñas y gigantes que alzan los brazos con dolor, empatía y una furia descontrolada. Ruido de las almas que quedaron luchando y dando voz a quienes sus vidas arrebataron.
El indio es un problema, siempre lo fue. Es el problema. Mas no en sí. Sino por lo que posee. La tierra. Deseada, anhelada, acumulable, explotable. El problema del indio, así mentado, desde siglo XIX para acá, es el problema de la tierra.
Mis papás, mis abuelos, mis tíos, primos (podría enumerar a todo el árbol genealógico) sus raíces los estancaban a los trece años cuando tenían que salir a laburar, en los sueños que tuvieron que dejar, en la secundaria que no pudieron terminar.