Universidad, paredón y después. La conversación
Reseña crítica -colectiva- de “De derechos y derechas: un diálogo sobre los desafíos de la universidad”. De Germán Pinazo y Eduardo Rinesi, editado por EDUNPAZ, 2026.
Por Martina Barbosa, Jaqueline Castaño, Martina Croce, Candela Escalante, Lara González, Martina Leo, Martina Rodríguez y Camila Vivas.
Como lectorxs de la conversación entre Eduardo Rinesi y German Pinazo nos podemos situar entre los edificios de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) y la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ), dos territorios en donde se garantiza la educación pública. En esta charla, existe una discusión latente que propone seguir debatiendo sobre un derecho básico. “De derechos y derechas: un diálogo sobre los desafíos de la universidad” (EDUNPAZ, 2026) implica, para estos “universitólogos”, volver siempre con el pensamiento. Una discusión que mantiene la tensión entre dos personas y dos tiempos diferentes: aquel que vivió y experimentó a la universidad como un espacio para expandirse y como un lugar valorado; y, por el otro, alguien que transita y pelea en este presente de hostilidad. Más que la resistencia, los autores apuntan a la insistencia: marcar lo que está bien, lo que siempre estuvo bien, a pesar de cualquier gobierno de derecha. (GONZÁLEZ)
De esta manera, el libro desarrolla un diálogo sobre los desafíos de la universidades públicas, pero no de manera general ni desvinculada del tiempo (o de la historia); al contrario, se sitúa desde lo que los autores identifican como “los años del kirchnerismo” hasta la actualidad. Esta selección particular en el espacio tiempo es la base para poder desarrollar el traspaso de una época de políticas —como la fundación de un total de 18 universidades– a una época de desfinanciamiento histórico de todas las universidades nacionales del país y, en este sentido, el cambio gradual hacia la una tendencia de posturas de derecha en la representación ejecutiva. Es sobre este fundamento donde se encuentran también las voces de Darío Kusinsky (rector de la UNPAZ) y Gabriela Diker (exrectora UNGS). (CASTAÑO)
Pensar como pensar
En el primer capítulo Eduardo Rinesi advierte sobre el "economicismo bienestarista" del kirchnerismo que fue "mucho mejor para fabricar consumidores que para fabricar ciudadanos". Esta distinción da cuenta de que, en aquellos años, mientras el sistema formaba profesionales para el ascenso social individual, se descuidaba la construcción de una subjetividad política capaz de defender lo colectivo cuando el viento no soplara en popa. La discusión sobre lo colectivo, que tanto resaltan, es fundamental para intentar encender la mecha que vemos tan dormida en algunos estudiantes que entienden la universidad como un mero establecimiento donde se aprenden cosas, sin reparar que los recortes presupuestarios, el hambre de los pibes que van a cursar y el deplorable sueldo de los docentes y no docentes, constituyen la columna vertebral del problema al que nos enfrentamos. Pinazo y Rinesi exponen que la universidad es un territorio que produce comunidad, con un carácter colectivo y comunitario. Para defenderla, hay que entender que es una esfera de disputa, llena de contradicciones, tensiones y urgencias políticas y económicas. (BARBOSA)
Eduardo Rinesi:
No va a ser suavizando la crítica ni desviando la mirada como podamos, por un lado, entender cómo fue que pasó lo que pasó, y, por otro lado, pensar qué hacer para corregir las cosas y para corregirnos a nosotros, a nuestros modos de pensar y a nuestros modos de hacer política. Las ideas amplias de libertades y de derechos, la feliz articulación de algunas de las mejores dimensiones de las tradiciones liberales, republicano-populares y democráticas y la vocación gubernamental por promover la ampliación del consumo y del bienestar son los mejores lados de la fórmula que ensayamos esos años. Los peores son la concepción individualista de la sociedad, la concepción representacionalista de la democracia y la concepción economicista de la política.
La idea del acceso a la Educación pública como derecho individual es uno de los principales ejes de esta conversación. Pensarla como un derecho colectivo, volviendo a traer la idea de Pueblo como sujeto indispensable para generar políticas públicas sin el cual es imposible pensar en la garantía de este derecho. Pinazo y Rinesi eligen posicionarse en una situación incómoda, donde ellos mismos repiensan las desigualdades latentes en el no acceso a la Universidad por parte del pueblo. Si hubo políticas públicas destinadas a garantizar el derecho a la educación, ¿por qué hubo sectores que no pudieron acceder? Existió una igualdad en cuanto a derechos que tal vez no fue tan efectiva en cuanto a políticas de inclusión ¿Esto colaboró con el presente desolador en el que están las Universidades hoy en día?
El macrismo fue, sin dudas, un antes y después, no sólo en términos de derechos, sino también en cuanto a las ideas que comenzaron a rondar en el imaginario colectivo sobre las Universidades públicas. Discursos que cuestionan su legitimidad, su financiamiento e incluso su función, comienzan a instalarse con una fuerza arrolladora y bastante determinante. Lo interesante alrededor de este discurso al que nos hemos, por desgracia, acostumbrado en este último tiempo, es la autocrítica que hace Eduardo Rinesi alrededor del rol del docente. ¿Qué pasa cuando el discurso que viene del Estado te invita a alejarte de ese rol que no sólo es ir y dar clases, sino que también se compromete con el hecho de hacerlo en una Universidad Pública en el Conurbano Bonaerense con todo lo que eso conlleva? “El macrismo volvió a poner todo en su lugar”, dice Rinesi. Una sensación horrible para quienes amamos habitar la universidad pública. (ESCALANTE)
Eduardo Rinesi:
Quizás el paso que ahora haya que dar (como solemos decir: “para la próxima”) sea el de pasar de pensar el derecho a la Universidad como un derecho individual de los pibes y las pibas, a empezar a pensarlo como un derecho colectivo de un sujeto mucho más difícil de representar y de asir. Como un derecho colectivo del pueblo. De preguntarnos cómo hacemos para que los pibes y las pibas más pobres tengan la misma posibilidad que los más ricos de convertirse, gracias a la Universidad, en lo que siempre quisieron ser (qué sé yo: en abogados, en contadores). A preguntarnos en qué es que el pueblo argentino, que entre otras cosas garpando sus impuestos sostiene a sus universidades, necesita que esos pibes y esas pibas (los pobres y los ricos, desde ya) se conviertan en ellas y gracias a ellas.
Cuáles son los profesionales que ese pueblo necesita. Y desde ya que uso el verbo “necesitar” lejos de cualquier utilitarismo, y entiendo que si lo usamos en el sentido más amplio posible aparece de inmediato la pregunta: ¿y cómo sabemos, y quién decide –y cómo se decide– qué profesionales, qué tipo de conocimientos, ese pueblo necesita? Son preguntas muy complicadas, muy difíciles.
Germán Pinazo:
Tenemos que garantizar no solo los derechos individuales de “ascenso social” de todos y todas, sino, a través de esa garantía, el derecho colectivo del pueblo a tener la mayor cantidad de profesionales que, con esos saberes que se producen en la universidad pública, contribuyan a mejorar nuestra vida en el futuro. Por eso decimos hasta el cansancio que el aporte que hacemos con nuestros impuestos para garantizar la gratuidad y el acceso irrestricto es el aporte que garantiza un derecho incluso de quienes nunca van a pisar ni de cerca una universidad, porque también ellos y ellas van a necesitar de más médicas, más ingenieros, más profesoras, etc. Y nosotros sabemos, a diferencia de los terraplanistas, que en sociedades tan desiguales como las nuestras, como consecuencia de esa misma desigualdad, hay un montón de servicios que, si no los provee el Estado, nunca van a existir con la escala en la que los necesitamos, sencillamente porque no son rentables. Entonces, si de lo que se trata es de garantizar el derecho colectivo aún, y quizás principalmente, de quienes nunca van a ir a la Universidad, quizás necesitemos repensar mejor cómo pensamos, qué enseñamos y qué investigamos, mejor y más articulados con otras instancias del Estado y de la sociedad.
Argentinos de Bien
Durante el kirchnerismo, se dio por hecho que la capacidad crítica y el espacio de debate y aprendizaje que otorga la Universidad era bienvenida por casi todos, o que los sectores que la miraban de reojo no podrían atacarla cómo se está haciendo hoy. En este capítulo, Pinazo y Rinesi definen a ese sujeto individualista y meritocrático; uno que se fue construyendo a lo largo de los últimos años, no solo en Argentina, sino en todo el mundo, gracias a los discursos y dogmas de las nuevas derechas. En oposición, Rinesi, postula al sujeto social que vive en la colectividad: aquel que no piensa en “los otros” como quienes no tienen nada que ver con él, sino en “el otro”, con quien convive y de quien depende, en gran parte. La desarticulación que empuja este gobierno con las universidades busca romper con el sentido colectivo y las herramientas para pensar de manera reflexiva y validada.
Sobre este escenario de desgaste, la respuesta es una advertencia:
Si este gobierno continúa con esta política, no va a faltar mucho para que vayamos cerrando de a partes. Nosotros podemos gestionar bien, mal o regular, pero si este Gobierno sigue, y sigue así, va a ser muy difícil seguir abiertos todo el día, todos los días. No es una política de shock, de cierre abrupto de las universidades; es una política que consiste en ir desfinanciándolo sistemáticamente para que se vaya cayendo a pedazos, sin prisa, pero sin pausa.
Germán Pinazo
Frente a la asfixia planificada, el análisis del discurso oficial se vuelve central. El “no hay plata” es una construcción discursiva que el gobierno actual (o el Poder Ejecutivo) necesita porque, como explica Rinesi, si declararan que la tienen significaría que le meten la mano en el bolsillo a los “argentinos de bien” a los que profesan defender. Y, quizás, podrían destinarlas a las instituciones que las necesitan y que hoy las tienen a la espera, calculando qué derecho podrían sacarles la próxima semana. (LEO)
Al borde del abismo
En este capítulo los autores charlan sobre la situación de urgencia que hoy atraviesan las universidades, sobre cómo para este gobierno la Universidad es un obstáculo, sobre cómo la asfixia presupuestaria es parte del plan sistemático de desmantelamiento y cómo la universidad puede continuar sosteniéndose de esta manera. La política deliberada de desfinanciamiento que viene llevando a cabo Milei, explican los autores, no la ha hecho ningún otro gobierno desde el retorno de la democracia. Esto se suma a la violencia que también mantienen en la espera, con las idas y vueltas del Congreso, por ver qué pasa con la Ley de Financiamiento Universitario
Con todo lo que está en riesgo al borde del abismo, ambos nos recuerdan que la Universidad es mucho más que ir a aprender y cuánto conlleva una casa de estudios. Entonces, cuando el presupuesto se acota, se asfixia toda una red de contención por un futuro mejor que la Universidad, como derecho, promueve. Si no hay plata para el mantenimiento del campus, para la infraestructura eléctrica o para cortar el pasto, no hay un espacio propicio para que los profesores y el estudiantado puedan asistir. Si no se pueden mantener las funciones sociales y de cuidado: los alimentos para el jardín maternal, la escuela secundaria o los programas de salud, no hay una igualdad en las condiciones de posibilidades para estudiar. Si no se pueden mantener los laboratorios ni los institutos, la producción de conocimiento se estanca.
A propósito de este último punto, Rinesi dice que uno de los tantos –uno de los principales– objetivos de la Universidad en una sociedad democrática es el de la producción y difusión de conocimiento, tanto en cantidad como en calidad y que, será aún más democrática, cuanto más estimule la participación ciudadana. Ese rol de una Universidad que promueve herramientas de verdad y rigor, que abre, invita e incita al diálogo y que nunca se cierra sobre sí misma, es el rol que representa a nuestra cultura nacional.
Muchos, sin embargo, protestamos por qué en el turno noche no hay papel ni jabón, por qué la espera por el boleto estudiantil se hace cada vez más larga, por qué el monto de las Becas Progresar es cada vez más mísero, por qué tantas semanas de paro. A su vez, como se decía anteriormente, no es sólo la Universidad donde se condensan los problemas: hoy se necesitan más trabajos para subsistir. Vemos compañeros con pocas horas de sueño y tratando de, en un mismo día, anotarse a varias materias porque no pueden pagar tantas veces el colectivo o no pueden seguir el contenido al día porque deben elegir entre comprar las fotocopias o comprar un sánguche para el resto del día. (RODRÍGUEZ)
Universidad y Nación
En el último capítulo, Rinesi y Pinazo introducen no solo sus propias miradas sino también la de terceros autores que potencian la comprensión del nocivo proyecto de desintegración nacional. Además, en cuanto a lo reflexivo, es interesante destacar la dirección que toma la conversación hacia un análisis profundo sobre el cómo pensamos la Universidad Pública Nacional, buscando un “repensar”, en el cual se analice: ¿Qué lugar puede, o quizás deba, tener la universidad en este proyecto?
Así, a modo de obtener una respuesta tentativa, los autores señalan a la institución, más allá de su factor institucional, como un actor formidable, referido como un agente de intercambio magnífico, con fuerza y poder. Una fuerza que permitiría luchar por la vida democrática de la sociedad nacional, cuestionar cómo se forman legitimidades, fortalecer y construir lazos sociales. Se le otorga un rol trascendental: debe empeñarse para salvar a la nación del proyecto de terminar de “hacer pelota” todo, y ayudar a repensar las condiciones en las que el país produce y en las que la sociedad ve garantizados sus derechos a la educación, la salud y la vivienda. Porque las universidades pueden y deben ayudar a mejorar, tomando, produciendo y expandiendo conocimientos relevantes.
Sin limitarse a los académicos y a la producción de conocimiento más técnico y científico, esta práctica de intercambio —dicen— puede y debe expandirse la institución social y presentarla como un mecanismo de progreso hacia una mejora común. Allí es donde nacen nuevas transformaciones con actores de la vida social, cultural y política de la nación, en articulación con agencias y distintos niveles de gobierno de un Estado. ¿Cómo? En el acto de estar, en una convocatoria activa, aprovechando su rol democrático e incluyendo a académicos, expertos que salgan de las textualidades para compartir esos conocimientos, porque los problemas de los colectivos no pueden ser redactados por organismos financieros internacionales que protegen su propio bolsillo. Tampoco por los productores de la televisión comercial, ni mucho menos por sujetos en busca de vistas y reconocimiento en redes, es decir, por todos aquellos sectores que defienden aquello que protege intereses ajenos al pueblo.
Bajo esta perspectiva, es posible imaginar la institución pública como un espacio de convocatoria, donde se engrandecen las conversaciones colectivas para salvar a la nación del intento contemporáneo de disolución por un gobierno que debilita y ataca con el desprecio y desfinanciamiento a esta potente herramienta democrática. Hoy, como en otros presentes, debemos hacer frente a los intentos de desintegración, de corrompimiento, de destrucción de lo público. Todo esto conlleva a cuestionarnos. ¿Por qué somos el foco enemigo? ¿Por qué nos eligen como enemigos? La respuesta que dan los interlocutores es clave: porque tenemos una suerte de superpoder, uno que ataca los intereses minoritarios. Construimos no solo conocimiento científico, sino también comunidades críticas.
Este poder debe ser utilizado a nuestro favor para formar parte de una conversación mayor donde se atraviesen los límites de nuestro Estado-Nación y cruzar los límites geográficos, crecer fuera de lo doméstico, transformar en universal viendo más allá de la propia subjetividad territorial. Debemos empujar fuera de los límites de lo pensado, hacia el mundo, porque la verdadera política es la política internacional. Como si de una utopía se tratase, construir “universidades universales” donde se forje un sistema de intercambios de diálogo comunes que nos permitan salvar al mundo de la hostilidad hacia la vida misma. Resplandecer la idea de “familia” que comparte el mismo planeta y los mismos riesgos. Tomar liderazgos en las problemáticas que, si alzamos un poco la mirada, nos afectan en mayorías; ya no solo en el plano económico sino también social donde se busca deslegitimar lo colectivo.
De esta forma, se refleja un Estado endeudado con la educación, que debe saldar la política internacional, que necesita de un impulso de las autoridades nacionales para poner en marcha dichas estrategias en las universidades: enseñanza, formación de profesionales, producción de conocimientos y su difusión. Que también se pongan en diálogo con la opinión pública y los gobiernos democráticos, y en diálogo con otros países limítrofes y periféricos. Queda así, una gran labor. (VIVAS).
Corolarios
Leer “De derechos y derechas: un diálogo sobre los desafíos de la universidad”, en este momento y desde este lugar, implica reconocer que las preguntas de los autores no son solo suyas. Son preguntas que atraviesan a quienes habitamos las universidades públicas y que sabemos que lo que está en juego no es solo el presupuesto universitario, sino una concepción entera de la vida en común. Cuando la universidad deja de percibirse como espacio común, también empieza a perder fuerza la idea de que sea un derecho para todos. Aparecen entonces discursos que no la niegan del todo pero la presentan como una posibilidad ligada al esfuerzo individual, no como una responsabilidad del Estado. Lo que antes era colectivo se vuelve personal. Y así, casi sin darnos cuenta, la discusión se desplaza. No se puede leer este libro con indiferencia ni desde una neutralidad cómoda. Comprender lo que está pasando no alcanza si no se asume una posición frente a este derecho nuestro que peligra. (CROCE).
El libro termina con un cierre ambiguo. Si bien Rinesi y Pinazo no brindan soluciones precisas, deslizan ideas que pueden ser motor de cambios futuros donde la universidad fortalezca su resistencia y su producción de conocimiento, mientras construye un espacio de intercambio. Con estos últimos movimientos, la tarea se vuelve externa a los autores, y nos interpela: ¿Qué conversación tendremos nosotrxs?
Idea y compilación: Sebastián Russo Bautista y Rodrigo Salmoiraghi
Edición: Marina Godoy
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