Ni la cárcel ni la escuela
(¿Pedagogía ricotera?)
Por Gustavo Ruggiero
No está para ser entendido lo que yo digo, sino para imaginar.
Carlos Solari
Es la propia pasión amorosa la que con la necesidad férrea lo obliga a uno a lo que uno no quiere.
Sabina Spielrein
Ese fantasma inconcluso, miserable anfitrión
Veinte años de demora trae este escrito. Quizás más. ¿Mucho o poco tiempo? Comencemos por ahí, porque ese es el asunto principal: el tiempo.
Lxs viejxs viven en un tiempo. Lxs niñxs en otro. Lxs que están en el camino están en el tiempo dominante y lxs que están al costado del camino, su propio tiempo caminan. Vamos a decirlo pronto: no hay un tiempo pero vivimos como si lo hubiera. Un asunto difícil. ¿En qué tiempo vivimos?
Hay un modo muy particular de experimentar el tiempo sobre el que me [doy] a detener para movilizar el pensamiento. Se trata de un estado o de una situación. Y lo que hay que advertir es que es un estado o situación relacional. Es decir, una posición que podría entenderse con alguna claridad bajo el nombre de letargo. E inmediatamente sacaré esta palabra de la naturaleza —sin piedad y sin ninguna veneración innecesaria— para ponerla en la sociedad. Remite a priori a la condición animal pero nosotros la construiremos como una posición subjetiva. El letargo es un modo de estar. No es eterno ni tampoco inercial. Es una latencia, en todo caso, y no se sabe con exactitud el momento en que deviene en otra posición.
El término letargo es conocido. De hecho, al nombrar la palabra, viene a nuestra mente un movimiento y hasta un color. Y la palabra tiene una razón de ser. Al menos eso creemos. En nuestro caso, letargo significa para la RAE tres cosas semejantes: estado patológico causado por un sueño profundo y prolongado, propio de algunas enfermedades nerviosas, infecciosas o tóxicas; somnoliencia, inactividad; estado de inactividad y reposo en que permanecen algunos animales durante determinados períodos de tiempo.
Con cualquiera de estas tres entradas hubiera bastado para sacarnos las dudas de si letargo era lo que pensábamos. Pero, para nuestra fortuna, siempre hay algo más que la real academia española. Y así, como siempre lo ofrece el azar, uno se encuentra con otra cosa: estado de adormecimiento en que quedan algunos animales en determinadas épocas del año en que las condiciones del medio le son desfavorables. Es parecida. Y si no la leemos con atención se nos pasa inadvertido un detalle que justificará el salto de la naturaleza a la sociedad, salvo que se reintroduzca en nuestro tiempo, una vieja interpretación de la vida en sociedad como la supervivencia en la jungla.
¿El letargo es una suerte de padecimiento? Si. ¿Es una cierta inactividad? Si. Pero el significado que me interesa recuperar es el que comprendemos intuitivamente: el del estado de reposo en que permanecen durante un periodo de tiempo algunos animales. Y la RAE llega hasta allí. Pero en la otra definición, está el detalle: algunos animales entran en un estado de adormecimiento durante el tiempo en que las condiciones del medio, le son desfavorables.
La que nunca piensa sin fantasmas
Nuestro amo juega al esclavo
de esta tierra que es una herida
que se abre todos los días
a pura muerte, a todo gramo.
-Violencia es mentir-
Carlos Solari
Lo que conoce el pensamiento poético no lo puede conocer ninguna otra cosa más. Que bueno que también los poetas nos expliquen este lugar que habitamos, porque mi sensación es que cuando salimos a la calle, salimos mucho más al mundo poético que al mundo racional. Salimos a pelear contra fantasmas, contra gigantes, contra nosotros mismos. Salimos a amar, salimos a llorar.
Liliana Bodoc
No puedo dar los nombres, sobre todo por respeto a mis antiguos estudiantes de escuela secundaria, pero esos edificios no eran habitables. Quien lea tendrá que confiar o denunciar la exageración. A esos edificios me acostumbré. Se acostumbraron mis alumnos. Sus familias. Los intendentes, los ministros y los intelectuales. Incluso los militantes. Pero deberíamos haber hecho otra cosa. Pasaron casi veinte años desde que pensé por primera vez el título de este escrito. Y las cosas no cambiaron mucho. Diría casi nada para bien. Diría, mejor: colectivamente empeoraron; individualmente muchos zafaron, hicieron algunos esfuerzos y van rumbo a la plena y riesgosa integración social.
No voy a poner las cifras, porque además de aterradoras, tampoco están sirviendo para dar vuelta el tiempo como la taba. Y digamos de paso con Zitarrosa, que el que no cambia todo, no cambia nada. Lo cierto es que las cárceles encierran más jóvenes que viejos. Pobres. Se ve que ser rico se trata de no rendir cuentas jamás nunca. Todo su logon didonai es jugar a primero yo, y después a también yo, y a las migas para mí. Es difícil de digerir, cada año, el informe de la Comisión Provincial por la Memoria. Allí hay más muchachos desangelados de toda protección mínima, de toda consideración elemental, que lo que las declaraciones te invitan a comprender.
El ingreso a la cárcel es ingresar en otro tiempo. Un tiempo de letargo, pero no reparador. ¿Hace falta decirlo? La permanencia en muchas escuelas también es una invitación que está más cerca del invierno que de la primavera. ¿En un letargo se entra irremediablemente o se entra porque el medio resulta desfavorable? ¿Es una protección o una excusa? ¿Es adaptación, resistencia o preparación?
Muchos profes sufren la indiferencia de sus alumnos. No saben cómo entrarle a las circunstancias. Los más crueles, se persignan antes de entrar al aula y miran el reloj con impudicia más veces que las necesarias, pero tampoco saben. Otros, sostienen la íntima e inconfesable convicción de que lo suyo es un acto caritativo. Jerarquías intelectuales. A ver si espabilás pibe, que te van a pasar por encima. Hay que estudiar para ser alguien en la vida, che. Cómo vas a conseguir laburo. Parecen lagartos al sol. Con sus mochilas acovachadas entre los brazos en jarra arriba del banco escolar y alguna capucha para apagar un rato la luz. ¿Duermen en clase? ¿Pulsión de muerte o eso-ya-no-me-interesa?
Ya no sé qué más hacer, dice la profe. No quieren hacer nada. Algunos incluso se ponen violentos. Sobre todo cuando querés sacarlos del letargo antes de tiempo, pienso para mis adentros mientras trato de contener a la profe con promesas que los dos sabemos que no se cumplirán. Ellos no bancan así nomás una autoridad por encima de ellos y nosotros también estamos en ese letargo: Ya no estás solo, estamos todos en naufragar. Pero sos vos, pibe, el que Vas corriendo con tus nikes/y las balas van detrás/en el cagadero no hay gato más triste/sin moda de callejón/si nike es la cultura/nike es tu cultura hoy.
Dentro y fuera de la cárcel. Dentro y fuera de esas escuelas. Ya noto las muecas de rechazo en los lectores y casi que me tienta poner los nombres para justificarme. Mejor resisto. Como esos pibes con sus nikes. Que lástima, porque era una linda diosa la Niké. Se pensó para otro destino que la velocidad. Se pensó para un elogio fundador.
El medio es hostil. Para unos cuantos pibes el ingreso a la cárcel o a la escuela es un modo de letargo que cambia una hostilidad inicial por otra que confirma lo peor. ¿Cuántos me pregunta usted? Muchos, creame. Más de los que su conciencia admite sin desmoronarse. Pero algunos profes tienden puentes para salir del letargo. Aunque esos pibes no te crean. Porque esos Chicos son como bombas pequeñitas y la verdad es que no quieren explotarte a vos. Y vos sabés que el letargo no puede volverse el tiempo total y por eso sabés entrar y salir de ahí solo para confirmarles eso: que el letargo solo puede estar bien un rato, cuando el medio es demasiado hostil. Porque si no, les queda también la opción de que para siempre los encane un robocop sin ley, un crono-rock japolicía hecho en Detroit.
Leteo, animal de barro que huye
El río es el tiempo hecho agua
Anónimo
Estuvo grabando paredes
un rato antes de fugar,
del cepo a la bolsa
de la vieja Colonia Berro
y tarareando su la-lan.
C. Solari
Este mismo escrito tuvo que atravesar un largo [letardo]. Ese tiempo hizo su trabajo. Porque el tiempo nos trabaja, a nosotros. Pero nosotros también podemos trabajar el tiempo. Cuando escribí fallidamente letardo, tres líneas más arriba, me fui a ver si existía la palabra. Pero en el camino me distraje y me encontré con la interesante etimología de la palabra letargo. Y descubro que contiene la palabra griega lethe, o sea, olvido. En su raíz indoeuropea ladh se asocia a permanecer oculto, que está también presente en la palabra latente. El sentido actual que le damos a letargo no es el griego sino el latino de lethargus. Porque lo usamos como sustantivo y en griego se usaba como adjetivo: olvidadizo. O un sueño que da olvido. Como la pulsión de muerte. El que está inactivo porque su espíritu se halla en el olvido.
Letardo no existe en el diccionario, pero cualquiera podría jugar un rato con la palabra hasta preguntarse ¿A quién le tardo? Cornelius Castoriadis tiene la virtud de la buena escritura y así leemos de su pluma muchas expresiones potentes. Pero hay una que viene bien ahora: existe al menos un tipo de ser que crea lo otro, que es fuente de alteridad, y que por ese camino se altera a sí mismo. ¿Adivinen quién es ese ser? Si, nosotrxs. El animal loco. Y esa creación, es decir, eso que somos capaces de crear los seres humanos, puede dar lugar a la emancipación o ser una pura continuidad alienante. Siempre hay alguien a quien cumplirle. Estamos en deuda. Pero como diría Graciela Frigerio, en educación hay que preguntarse por qué hemos cedido tanto. El escrito finalmente permite al autor pagar una deuda consigo mismo. Y con nadie más. En todo caso, con los otros, ahora viene un tole-tole. Pero eso es otro cantar.
Creo que bien valdría la pena pensar un rato más si no conviene restituir el sentido griego de letargo, para entender por qué, ni la cárcel ni la escuela. Una de las interpretaciones sobre la noción freudiana de la pulsión de muerte, asume que dormir, por ejemplo, es pulsión de muerte. Me gusta esa interpretación porque le borra de un plumazo toda la mala prensa a la muerte y la humaniza. Bajar las persianas o correr las cortinas, quitarse la ropa, prepararse para el silencio y la suspensión de todo. ¿Un letargo? Un sueño que da olvido. Necesario. Incluso por prudencia. Incluso por equilibrio pulsional. Incluso porque soñar es suspender el binarismo ontológico de occidente: ¿malo o bueno? ¿bello o feo? ¿justo o injusto? ¿verdadero o falso? Ni verdadero ni falso. Así es un sueño. Así es el olvido. Así es la imaginación. Cuando la noche es más oscura se viene el día en tu corazón. Se ponen las capuchas para dormir un rato sobre el banco. O para hacer que duermen. O para que los veas dormir. O para que imagines que cuando despierten de ese letargo vendrá el día en sus corazones y vos vas a estar ahí para verlos también. O para bancarte que el día en que se despierten sea un hermoso día… que bello día es hoy, está para desatar nuestra tormenta, que va a tronar por el dolor.
Los cuerpos meritorios
“Ustedes van a ser nuestra banda, pero nos vamos a educar juntos. Van a ser la música de fondo de nuestras vidas pero escúchennos, porque si no, no van a entender una mierda.”
Indio Solari
“La ley es buena, pero la filosofía es mejor. La ley en efecto nos obliga a abandonar el pecado, la filosofía nos lo enseña. Como la necesidad es inferior a la elección, así la ley es inferior a la filosofía.”
Maqâlat Suqrât fi-l-maqâisat beina-l-sunna –l-falsafawa
Soy pobre y me curricularizan la pobreza. ¿En qué materia? Ah, si, cierto, tenemos ciencias sociales en todos los años que se te ocurran. La tengo que estudiar en el manual o en esas hojas que me trajo el profe. Es buena onda el profe. Quiere que progresemos. Si uno quiere, puede. ¿Qué tengo que saber, de verdad, para salir de este infierno? ¿Rezar? ¿Estudiar? ¿Laburar? Pero fíjate un rato como lo decía este maestro de la resistencia:
Al ver que sus amos y explotadores daban mucha importancia a la instrucción y la utilizaban para subir en la escala social, el pueblo ha llegado a la conclusión, más o menos intuitiva, de que la instrucción es, por sí misma, un enriquecimiento que hace mejor al hombre. Ciertamente, la escuela es, cada vez más, la mayor y casi única posibilidad de elevación de los hijos del pueblo, pero esta elevación se realiza a un ritmo tan ridículamente parsimonioso como lo demuestran las cifras.
Por suerte, aquí en la escuela, gracias a dios uno no cree en lo que oye. ¿Se puede estar en contra de Celestin Freinet? ¿Se puede hacer otra escuela? Otra que no se parezca en nada a la cárcel y tampoco al mercado. ¿Se puede? ¿Una escuela ricotera? ¿Qué sería? ¿Una escuela donde el pensamiento no se curricularice? ¿Una escuela no-para-siempre? ¿Una escuela donde el arte de decir, de escuchar, de pensar no se deje atrapar tan rápido por el sentido común? Ojo. No es una escuela militante. De hecho, su inscripción política sería compleja, esquiva. Como la propia cultura ricotera. Legalidades dentro de otras legalidades. Legalidades que negocian y pierden. Negocian y ganan tiempo. Si, tiempo. Eso es lo que hay que ganar, al fin y al cabo. ¿Una escuela frontera, que cruce límites, que asuma los riesgos de hacer experiencia? ¿Una escuela automarginada de la legalidad exitista? Seamos realistas, pidamos lo posible. No. No se puede. No jodamos. Si querés, hacé otra cosa, pero si hablás de escuela bancate la pelusa.
Habría que observar con un poco de criterio pedagógico qué efecto producen dos tipos de magisterios: el que viene con la narración preparada y encuadra todo lo que se cruza en el camino y el que deja, a propósito, que se rompa el cerco cognitivo de toda narración. Estamos entre la filosofía y la poesía. Posiblemente el lenguaje poético esté más cerca de concretar esa viejísima ilusión pedagógica de la mediación. Lo podemos decir de otra manera, como lo dicen Maschelein y Simons, dos tipos que se pusieron de moda hace un par de años: educar es poner algo sobre la mesa. Pero lo que pongo sobre esa mesa, a disposición de los que llegan, ¿garantiza el contrato narcisista o se queda en la violencia de la interpretación?
¿De verdad tenemos la ilusión de que estos jóvenes retomen nuestros discursos? Lamento y no lamento pensar que el contrato narcisista está roto. Gracias Piera Aulagnier por elucidar esto. Con vos nos dimos cuenta de que nos pegamos un tiro en el pie: si estos jóvenes no son de los nuestros, tampoco para nosotros habrá inmortalidad. Y ellos saben. Claro que esos pibes saben: no-los-estamos-esperando. Saben del motor-psico y que nos estamos quedando con lo que le estamos debiendo. Y te lo preguntan y te lo vuelven a preguntar de muchas formas, porque quieren la respuesta: en el mercado de todo amor, lo que debes, ¿cómo puedes quedártelo? Perciben, como Bodoc, que la educación no se imparte, se devuelve. Es más un acto de justicia que de generosidad.
Si un profesor o un maestro quiere hacer de su oficio un arte, tiene que saber que no todo lo que vaya a hacer tendrá que ser explicado. ¿Debe un artista explicar su obra? Una vez le preguntaron a Solari por el título de El ruiseñor, el amor y [al] muerte. Que es lo mismo que le preguntan por las letras de sus canciones desde hace cuarenta años, más o menos, los que consideran indescifrables esas letras. Y cuando eso pasa su humor está más cerca de aquel de Sínope que de Paulo Freire. Respondió algo que nos puede ayudar a pensar la función docente:
Sinceramente no lo sé. Yo creo que la gente que escribe la lírica de las canciones, como los poetas, se va enterando de qué se trata cuando lo va escribiendo. No está para ser entendido lo que yo digo, sino para imaginar. Tengo que presentar un puzzle, un mandala, un oráculo. El que está explorando el territorio es uno, no el mandala ni el oráculo ni el poeta ni el escritor de canciones. A mí me interesa detonar la imaginación de la gente para que imagine el territorio que está explorando.
Porque cuando a los pibes les venís a explicar la vida, te sacan la ficha antes de que puedas tomar asistencia. ¿Quién se banca no explicar? Algunos artistas. Algunos maestros. No todos. Como en la función de los buenos analistas, hay que aceptar la castración para cumplir una función en donde el otro pueda devenir en lo que imagine, quiera, y sobre todo, pueda devenir.
Joseph Jacotot, el primer ricotero
Porque entonces con cada obra tenés que tener un manual de interpretación al lado que te explique todo. O te conmueve o no te conmueve, y eso es lo que debe valer. Después, si el manual es más grande que la obra, dedicate a escribir manuales.
Carlos Solari
Filosófico es el preguntar, poético el hallazgo.
María Zambrano
¿Puede el maestro decir que lo que él tiene para decir no está para ser entendido sino para imaginar? Una obra de arte no está ni bien ni mal. Y si una clase se parece a una obra de arte, tampoco debería estar ni bien ni mal. Así de sencilla pero así de imposible, es la pedagogía ricotera. Digámoslo una vez más: a la imaginación no le corresponde responder lo que debe responder la razón. No hay error o falsedad en la función de la imaginación. No hay pruebas de que Solari haya sabido hasta hoy del random hallazgo de Jacotot, y de ahí que la coincidencia sea más poética:
Lo que yo hago genera siempre una incógnita, una movilización. Es una música para imaginar, lo cual amplía el campo de lo posible en tu vida. Ahora, ¿cómo lo logro? Mi lenguaje no es el del pibe de Caballito o de otro barrio cualquiera.
Algo se mueve desde las tripas. Los pibes siguen un estilo, intentan descifrar un mensaje. Se ponen en marcha y como dice bien Figueras, demuestra que los subestimados están abiertos a algo que no es de fácil digestión. ¿Para quiénes no son comprensibles las letras del Indio? Está tan a la vista como la carta robada de Poe. A lo mejor se dice que son incomprensibles porque no se quiere que se comprendan. Algo pasa en todo el cuerpo con ese aprendizaje. En el cuerpo que ves y en el que no ves. El efecto es anti-inercial pero puede ir hacia el movimiento o hacia el reposo. ¿Y la escuela? Queremos una lluvia que realmente moje, profe.
Por lo menos a mí, ya me apareció otra vez Rancière en la cabeza. Y sí. Claro. No podía ser de otra manera. Los que buscan los bordes, encuentran los bordes. Al costado del camino se encuentran muchas cosas. Se ve más desde allí de lo que la mayoría supone. Se puede vivir el dolor, pero también se puede ser un ladrón que robó dolor. Al fin y al cabo, como dice Fandermole, el dolor es caudal permanente y la sangre su espejo. Ponerse al margen. Auto-marginarse es una manera de acercarse al mundo de muchos pibes y hacer que esos pibes se acerquen a más de una cosa. Para que cuando adviertas la porquería de lugar que te tocó en este mundo, como dice Castoriadis, no te sientas obligado a permanecer allí para siempre. Hecho y por hacer. Por supuesto que nos viene a la cabeza El maestro ignorante. Cómo que no. Si de lo que se trata es de descreer de las jerarquías intelectuales. No de los lugares o de mi obligación de cuidado al que llega, como todos, desvalido; pero sí descreer y desconfiar, de que haya inteligencias superiores e inferiores. Hay una pedagogía, como también hay un tipo de arte, que se acercan demasiado al entretenimiento. Quizás incluso se confundan, se diluyan, en la vieja cultura frita. ¿Está entonces el maestro para explicar cómo se juega el juego? No nos confundamos, nuestro juego se juega en otro campo, porque nuestro amo juega al esclavo.
Hasta en los puntos y las comas del más inocuo de los textos
Pero dos que se quieren se dicen cualquier cosa.
C. Solari
Las cosas se originan por la separación de los contrarios.
Anaximandro
En la novela Taxi, del catalán Carlos Zanón, una anciana le pide a Sandino, el taxista, que la lleve al barrio donde vive. Pero ese barrio no es en donde está viviendo sino el barrio de su infancia. La escena representa muy bien el problema del deseo. ¿Dónde vivimos realmente? ¿En lo que somos o en lo que deseamos? ¿Vivir en el deseo es extrañarse? ¿Derivarse? ¿Extraviarse? ¿Enajenarse? Donde esta mujer vive es en la infancia. Y el asunto entonces es saber si es bueno o si es malo vivir en las cosas o en la representación de las cosas. No es lo mismo recortar la foto de una liebre de un libro y comérsela que comerse la liebre. Ojo con el martillo de las brujas. El olor del café suele ser más rico que el café.
Ni la cárcel, ni la escuela. Si las tensiones creativas no pueden explicarse, como las letras de los redondos, entonces hagamos de la tensión el centro del acto educativo. Pero reconozcamos las tensiones. Porque la vida escolar propone múltiples tensiones y lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir. ¿Cuáles de ellas son creativas? ¿Cuáles se sostienen solo para forzar la repetición?
La pregunta clave es qué tienen que aprender lxs pibxs y por qué. Y a no sacarle el culo a la jeringa, que la pregunta viene de bardo. Sin dudas la relación con ciertos saberes requiere de un forzamiento. Acá y donde sea. La institución de la sociedad siempre es imaginaria. Es un extrañamiento necesario. Una distancia compleja. Porque es una distancia de sí, pero al mismo tiempo es para llegar a sí. Una distancia respecto de un saber que alguien ordenó, jerarquizó e instituyó. Una violencia estructurante. Sin alienación no hay identidad. Pero el juego es no quedarse allí para siempre. En Otro letargo. Entonces, ¿cuál es el saber que hay que saber? Diseños curriculares y calificaciones de los saberes son las piedras de toque. ¿Están para imaginar o para qué? ¿Son el mandala, el oráculo, el puzzle? En el fondo de tu alma sabés que no. De hecho casi que no sabés ni cómo llegaron ahí. Están. Siempre estuvieron y siempre estarán… ¿a qué va la pregunta?
Se supone que el éxito de la inclusión estaría del lado de la vitalidad y, por el contrario, el fracaso, del lado de lo que no prospera, de lo que no vive. De lo que se muere potro, sin galopar. Pero podemos invertir la secuencia, y pensar el orden “inclusivo” como lo mortífero contra toda cualidad instituyente del caos; lo que aparece como destrucción de la norma es combinación pulsional. Lo podemos decir de otra forma: por un lado, rompe una continuidad y entra en esa pausa de la noche, del sueño; se muere el día por un rato. Y por el otro, es causa del devenir. Hay, en suma, algún nacimiento.
Cuando el tipo canta pobre Cebolla, los pibes estallan. Pero ese es otro pogo. No sé si el más grande del mundo, pero igual se mueve. Él recuerda, por las dudas, que la canción es para los que estamos afuera. Porque para los que están adentro no es bueno hacerse el bocho. Porque los que están adentro se degollan cuando no pueden más de miedo. Y tal vez los pibes estallan en el estadio porque algún día habrá que estallar. Tal vez es una gimnasia para estallar algún día en pedazos esos lugares inmundos, porque no son un mundo. Porque lo humano no puede ser allí. Y porque basta de una vez por todas. Y los pibes estallan porque quieren tallar otra cosa. Darle forma a la madera de una nueva cosa. Porque de la cárcel hay que rajar antes que tus pulmones. Estallan en otro nunca más. Entonces el pibe, la piba, lxs pibxs, se preguntan si alguien puede decirle me voy a comer tu dolor. Porque ellxs tienen otras solidaridades. El que la seca la llena en sus barrios. Barrios como el de Marita, inclementes. Qué duda cabe. Barrios en donde ellas se tambalean en sus tacones, no tienen nada que perder. Ni bonitos, ni cuidados, ni serenos sus barrios. Pero allí el que la seca la llena.
La vieja cultura frita. Narcisa y mortífera. ¿No ves que la eternidad mañana acaba y te vas? La pedagogía ricotera no es una programática. Es la captura, por sutileza de la atención y el cuidado, del gesto mínimo. La pedagogía ricotera es arácnida. Su eficacia es otra. La de los vagabundos. No es la de los tontos. Porque el tonto nunca puede oler al diablo, vida mía, ni aunque cague en su nariz.
Lxs pibxs son más benjaminianos que los especialistas en Benjamin. Sus experiencias reflexivas están más cerca del montaje que del orden que pretende el diseño curricular. Se jerarquiza de otra manera. Una legalidad paralela. Una fuga que siempre inquieta. El relato no es lineal, es rizomático. ¿Insoportable? No menos que la miseria planificada. Violencia es mentir, muchachos. Los componentes de esa reflexión se parecen más a un collage en su resultado que a una monografía. Mi amigo Darío Peralta, gran profesor de filosofía en escuelas del conurbano, entrevió la potencialidad del bricolaje filosófico. ¿Cómo te va en estos días humano roto y mal parado?
Hay lugares del mundo en donde los jóvenes mueren de vejez
Todos esos jodidos
que retienen la vida,
un poquito nada más.
C. Solari
Yo tengo un nombre rojo de piquete
Y un apellido muerto de veinte años.
J. Fandermole
Hemos estado demasiado tiempo dormidos. Hay que elegir con Tucídides y Pericles entre descansar o ser libres. Es tiempo de aclarar el intento de salir del letargo. En el 2001 tuvimos que devenir piqueteros para obtener un nombre. La reversión de un nombre que definía por lo que no se tenía: desocupados. Se tenía entonces algo al volverte piquetero: el corte de ruta, la suspensión del tiempo de la circulación de las mercancías y los cuerpos mercantilizados. Se tenía una gracia, incluso una potencia. Se tenía a la destrucción como causa del devenir, como lo anticipó la bella Sabina Spielrein. Una conjunción momentánea de pulsiones. Una marcha de cuerpos dolidos, de vidas dañadas, capaces siempre de reflexionar desde allí, si, al igual que lo hizo Adorno en posición de filósofo. De pronto sacaban fuerzas del fondo de la vida para interrumpir, romper, quemar. Y luego ir con los compañeros a preparar la comida para el pobrerío y a cuidar a los pibes. Y luego educación popular como se pueda. Y luego, incluso poesía en sus muchas formas. Alternancia singular entre vida y muerte. Me pregunté en esos días si había algo más que la cárcel o la escuela para los chicos y las chicas del piquete. Porque estaba claro que la primera es una mierda y la segunda, a veces —más de las que aceptamos—, tiene mucho de cultura tumbera por arriba y por abajo. La institución es una posibilidad de ordenar el tiempo. ¿Qué institución entonces? ¿En qué tiempo alojarlos? Sin dudas que vivir solo cuesta vida. Lo sabían entonces y lo saben ahora. Suspender el tiempo del mercado para que algo de lo vital pueda tener lugar. Porque aunque te lo quieran meter una y mil veces en la cabeza, no es vida soñar con comprar algo Armani en Rodeo Drive, mi amor. Ya es tarde, muy tarde. La verdadera vida hay que buscarla en otro cuerpo, como dice Alain Badiou. Hay otro mensaje a los jóvenes. Otros destinos que los de Nuotatore professionisti. Porque tiene que [hacer] haber otro cuerpo que los cuerpos meritorios; otros cuerpos que los sacrificiales. Esa mancha que está allí… por allí… en el suelo! allí! Estación Avellaneda rebautizada. Junio arde rojo en nuestras espaldas parasiempreserádistintoynuncamás. Profe, por qué no jugamos a la búsqueda del tesoro de los inocentes. Profe, ¿no será pecado aguantar que decidan de una vez derramar? Mire que esto es Argentina profe y la verdad se hace débil cuando el miedo la ataca. Haga que crea de verdad que el lujo es vulgaridad. Está llamando a un gato con silbidos profe. Mire que el futuro ya llegó. ¿Sabe qué hay hoy de comer profe? Queso ruso (risas). Usted fijesé de qué lado de la mecha quiere estar, porque nosotros somos la mosca detrás de la oreja. El profe, que de repente se dio cuenta dice: estás cambiando más que yo… yira, yira, yira! Y se alegró porque las banderas envuelven los mismos corazones y pensó: cuando el fuego crezca quiero estar allí. Y el profe sigue inspirado y de puro desangelado nomás dice: -Yo sé que no puedo darte algo más que un par de promesas, tics de la revolución, implacable rocanrol y un par de sienes ardientes que son todo el tesoro. Si al fin y al cabo yo también estoy en el mismo barro, pensó el profe.
Y tenía razón la buena de Silvia Bleichmar. No se les puede seguir diciendo a los pibes que tienen que ir a la escuela para ganarse la vida. Decirle a un ser humano que lo que hace es estudiar porque así trabaja para tener trabajo no le agrega sentido a la vida. ¿Está solo para ser conservada la vida? ¿No hay promesa de producir algo diferente de lo que hay? Les niñes y los kolinos juegan en otro logos. Caminan por otras verdades. Vos no los entendés, en la misma y directa proporción en que ellos no te entienden a vos. “La suposición podría volverse realidad, para demostrar su derecho a existir”, dice. Y la bella Sabina, otra vez, recoge el guante. Ezquizoanálisis de Deligny a Guattari. Si a un ser humano le decimos que lo único que importa de todo lo que está haciendo ahora, es prepararse para seguir viviendo, estamos hablándole a un esclavo y no a un ser humano. Impecable Bleichmar. Ganarse la subsistencia no es el sentido de ninguna vida. Pero andá a decirlo en el país del sietedeagosto. Decilo de otra manera Silvia: Tenemos que terminar con esta idea que le planteamos a los chicos de que el único sentido de conservar su vida, es para que trabajen y sobrevivan. ¿Y si la escuela es un lugar para producir un país distinto y para soñar? Navegar é preciso, viver não é preciso.
El efecto estético es político. Es una experiencia por la que ahora sabés y sentís que no sos menos que nadie. Ni más. ¿Y en qué otra cosa consiste la emancipación? Ergo, revisemos otra vez por favor lo que hacemos en las escuelas a cuenta de este santo nombre. No hay dudas. Si uno fue, es o será de la tribu de los desangelados, sabe lo que la tribu escribió en la pared de tu calle. Y si quiere un aula para bienvenir a los desangelados, la pedagogía ricotera es escuchar algo distinto y pensar algo nuevo. Porque no es para cuerpos pervertidos, sacrificiales o meritorios. Una filosofía que no precisa de héroes, pero sí de heroísmo. Un ejercicio de respuesta al poder: producir lazo e identificación sin subalternidades ni sumisiones. Porque te dan ganas de que no sigan igual las cosas. No podés admitir serenamente que las cosas sigan siendo como son. Efecto ricotero: te das cuenta de que tu lugar de partida es bastante fulero pero no estás obligado a quedarte ahí para siempre. ¿Efecto político? Si juntás o no las fuerzas suficientes para amar y trabajar por eso, ahora es asunto tuyo. Este asunto está ahora y para siempre en tus manos nene. Por eso se vuelve música inaudible, inentendible. Por eso no siempre podés escucharla. Vos elegís si quedarte o no más de lo saludable en el letargo. ¿Qué te da la fuerza suficiente para escuchar algo distinto y para pensar algo nuevo? ¿Una mezcla pulsional? Caos, ambigüedad y confusión. Dice Solari filósofo: Yo trabajo en las zonas ambiguas del cerebro, donde están las preguntas. Eso es lo que formulamos: preguntas inquietantes e interesantes en el mejor de los casos. ¿Y si al final era como decía Anaximandro? ¿Y si el principio y elemento de las cosas es lo indefinido? No hacía falta ponerse tan pesado como Nietzsche; que venga y lo diga Dailan Kifki, mejor: estamos fritos. Otro binarismo para destituir sin piedades. Ya hemos cedido demasiado.
El tiempo, ese fantasma inconcluso, miserable anfitrión. Acuerdo con la denuncia de Olga Orozco. El tiempo siempre precisó de rituales, el muy verdugo. Sin ellos no puede nada con nosotros. Vamos a misa entonces y salgamos otro rato del letargo. Pero a esa otra misa. Irreverente, caótica, plebeya. Porque si no hay amor, que no haya nada entonces alma mía… no vas a regatear.
San Miguel, Octubre de 2020
Fue publicado en el libro _Cosas Dichas y Des-dichas (A propósito de los oficios del lazo)_compilado por Graciela Frigerio y Daniel Korinfeld. Editado por Seisdedos en 2021
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